Teatro alternativo y danzas orientales para apoyar al niño saharaui Kamal y a una escuela de Kenia

Más de 150 personas y 60 artistas celebran una fiesta solidaria para ayudar a un niño con una malformación congénita e impulsar un centro educativo

solidariUna mujer a punto de suicidarse porque su vida es demasiado perfecta, dos hombres que discuten en un cuarto de baño por saber quién hace la mejor bechamel y, entre medio, vestidos y coreografías sacados de películas indias. ¿Qué tienen en común estas escenas? Nada, pero el pasado sábado las tres respondieron a un único fin: recaudar dinero para Kamal, un niño de dos años del Sáhara Occidental que sufre la enfermedad de los pies zambos, y para la escuela Bella de Kenia, un centro educativo en un barrio de chabolas de Nairobi.

Más de 150 personas asistieron a la fiesta solidaria organizada por la asociación Marhaba y varias cooperantes españolas en el local de ensayo del grupo de batucada Samba da Praça –una nave industrial en el polígono Cogullada–. Una fiesta que, como reconoce Begoña Cuartero, de Marhaba –asociación organizadora de viajes sostenibles a Marruecos–, “no hubiera sido posible sin los 60 artistas que se han ofrecido a participar”. A partir de las ocho de la tarde, diez grupos de teatro, danza oriental, música árabe y batukada desfilaron por el escenario y la pista central de la nave por una buena causa.

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Actuación del grupo de danza de bollywood Orient Express

Delia Sánchez, de 37 años, componente del grupo de bailes orientales Aswan, fue una de las artistas que participaron. A pesar de encontrarse en un avanzado estado de gestación, Sánchez ejecutó junto con su compañera Mayka Chinchilla varias danzas clásicas egipcias y otras mucho más movidas procedentes de las tribus del norte de África. “Nos contaron la iniciativa y, sin dudarlo, nos apuntamos. Aparte, sabemos que Marhaba es una asociación fiable”, señaló esta bailarina que lleva diez años estudiando y poniendo en práctica varios estilos de danza árabe e hindú.

Los guiños a la cultura árabe no se limitaron a las demostraciones de baile ya que, a lo largo del evento, el grupo de música Sarabesque interpretó varias obras en las que se mezcló música marroquí con jazz y música africana con ritmos de batucada. Moustapha Ghouzal (violín), integrante del grupo junto con Karim el Habib (percusión), señaló que conocen el trabajo que está llevando a cabo Marhaba en Marruecos y que, siempre que puedan, ayudarán a la asociación.

De los diez grupos invitados, cuatro eran de teatro. Arte a trozos, formado por nueve mujeres aficionadas al teatro –la mayor parte de ellas profesoras–, fue uno de ellos. Esta compañía amateur representó varias escenas de corta duración en las que se recrearon situaciones absurdas, como la de la mujer que se quiere suicidar, e historias con un trasfondo de denuncia social. Miriam García, de 31 años, integrante de la compañía, señaló que participan en el evento porque una de sus organizadores es, a la vez, actriz del grupo; “no obstante, si no se hubiera dado esa circunstancia, habríamos venido sin dudarlo”, aseguró.

Monólogo

Monólogos de AlienContraTeatro

Otro grupo de teatro –esta vez profesional– que se sumó al evento fue el dúo formado por Javier Zapater y Óscar Castro, ambos ex-alumnos de la Escuela Municipal de Teatro de Zaragoza. El grupo –todavía sin nombre– llevó a cabo parte de un espectáculo que cada viernes y sábado representan en la sala El Extintor (calle Las Armas, número 20). A partir de las palabras escritas por el público en unos papeles, estos dos jóvenes actores improvisaron varias escenas absurdas como, por ejemplo, la de los dos hombres discutiendo en el baño por la salsa bechamel.  “Una de las organizadoras fue alumna de los cursos de teatro de la sala El Extintor y nos propuso venir –relató Javier Zapater–. Al momento le dijimos que sí”.

Entre el público pudieron verse tanto niños de siete años como mayores de sesenta; no obstante, la media de edad se situó entre los veinte y los treinta. Ángel Estébez, de 61 años, fue uno de los asistentes al evento y aseguró que “hacen falta más actos para demostrar el potencial artístico de la juventud y, de paso, ayudar a los más necesitados”. Con el dinero recaudado –la entrada al evento costaba cuatro euros– se pagará el sueldo anual de los profesores de la escuela Bella de Nairobi y se costeará la rehabilitación por la que tendrá que pasar Kamal tras sus dos operaciones.

Redactor: Ignacio Pérez Ibáñez

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