Una veintena de artistas zaragozanos llevan lo grotesco a una antigua fábrica de chocolate

Redactor: Ignacio Pérez Ibáñez

Fotografías, instalaciones y performances muestran en unas Jornadas la corriente más vanguardista del arte que se produce en nuestra ciudad

Gema Moreno Jaime 2

Instalación de Charo de la Vega.
Fotografía de Gema Moreno.

A principios del siglo XX, en los números cinco y siete de la calle Lourdes, en el barrio Jesús de Zaragoza, se fabricaban bombones, tabletas de chocolate y guirlaches consumidos por el mismísimo Alfonso XIII –Chocolates Zorraquino recibió el título de Proveedor Real en 1902–. Hoy, pasados más de 120 años, los almacenes y salas de mezclas de esta antigua fábrica funcionan como un centro artístico alternativo y, el pasado fin de semana, las paredes de azulejos y el suelo de cemento de uno de sus edificios acogieron una exposición, varias performances y un taller sobre la idea de lo bello y lo grotesco en el arte.

Muñecos infantiles colgados encima de una bañera; figuras de arcilla gris y materiales reciclados que evocan a los aliens de James Cameron; fotografías en las que aparecen un hombre con una minusvalía física y una mujer sin ningún tipo de discapacidad, desnudos, en actitudes cariñosas; un nido gigante… Esas fueron algunos de las obras expuestas el pasado fin de semana. Trabajos en los que cada uno de los nueve artistas plásticos invitados mostraron su visión de lo grotesco. Para Paloma Marina, de 38 años, organizadora del evento y autora de las fotografías en las que aparece la pareja desnuda, lo grotesco se relaciona con lo oculto, lo inválido, lo inútil, con aquello que no se atiene a las normas de la belleza burguesa. “Es una tierra límite que flanqueas”, señaló. Por eso, en la mayor parte de sus obras, trabaja con excluidos sociales, con personas que se mueven en ese límite. “Me identifico con ellos –afirmó la organizadora–. Yo también tengo algo de grotesca”.

Gema Moreno Jaime

Fotografía de Paloma Marina.

Antonio Chipriana, de 45 años, performer y autor de varias instalaciones expuestas, aseguró que, para saber a qué nos referimos cuando empleamos la palabra grotesco, es necesario conocer el origen etimológico de esta palabra. Según Chipriana, el término proviene de la Edad Media y, en sus orígenes, se empleó para designar a un estilo de decoración encontrado en unas grutas de Roma –unas cuevas que, más tarde, fueron identificadas como las habitaciones y los pasillos del palacio de Nerón–. Este estilo se caracterizaba por llenar todo el espacio con elementos vegetales, cornucopias, seres mitológicos, seres deformes, escenas sexuales… Pronto, la palabra empleada para denominar a este tipo de decoración extravagante se extrapoló a todo lo vulgar, absurdo y deforme. “La decoración grotesca es un claro ejemplo de horror vacui, miedo al vacío”, afirmó Chipriana. Una obsesión por llenar el espacio que pudo percibirse en sus instalaciones, llenas de figuras, luces y elementos de juguete.

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Instalación de Antonio Chipriana.
Fotografía de Gema Moreno.

Otra artista que también expuso varias instalaciones fue Charo de la Varga, de 47 años, pero, en su caso, buscó lo grotesco en los conflictos internos que podemos padecer las personas. Por ejemplo, en uno de sus montajes, varios muñecos infantiles aparecían rodeados de cuerdas y suspendidos encima de una bañera. Según su autora, los muñecos evocaban la infancia, la inocencia, mientras que las cuerdas hacían referencia a la técnica de excitación sexual japonesa Shibari, consistente en atar cuerdas al cuerpo de la persona para que su roce en zonas erógenas y la sensación de verse dominada le produzca placer. “Es una confrontación entre lo infantil y lo erótico”, aseguró Charo de la Varga. En otra de sus instalaciones, varias calaveras y huesos aparecían cubiertos con ropa de bebé. Una nueva oposición: “por un lado, el ángel de la guardia y la maternidad; por el otro, la muerte”, explicó la artista.

No obstante, lo grotesco no solo es exclusivo de las artes plásticas. De viernes a domingo, en el espacio de la exposición se presentaron varios espectáculos de danza y performances. En la fiesta de inauguración del viernes noche –a la que asistieron unas 60 personas–, Gonzalo Catalina, profesor de danza butoh –danza contemporánea japonesa–, escenificó en el oscuro sótano del edificio el nacimiento de un polluelo a través de los movimientos lentos y las contorsiones del cuerpo que caracterizan a esta disciplina. “Movimientos oscuros, grotescos, salidos directamente del inconsciente”, apuntó Paloma Marina, intérprete de esta danza inspirada en las víctimas de Hiroshima y Nagasaki.

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Performance realizada por Huguette Sidoine, Gustavo Giménez y Rodrigo J. García.

Esa misma noche, los artistas Huguette Sidoine, Gustavo Giménez y Rodrigo J. García presentaron una performance en la que se escenificaba la desesperación de una mujer cuyo marido está en la guerra. La profesora de danza contemporánea Huguette Sidoine bailaba; Gustavo Giménez realizaba sonidos guturales con un micrófono, símbolo del llanto y los gritos de la esposa; y Rodrigo J. García recitaba la letra de una supuesta carta enviada por el marido desde el frente.

Paloma Marina, organizadora de las jornadas, señaló que el evento no había contado con el apoyo económico de ninguna entidad y afirmó que muchos de los diecisiete artistas participantes constituyen, en estos momentos, la vanguardia artística de Zaragoza, “un colectivo artístico de izquierdas y de calidad que rechaza los tradicionales circuitos del arte”, destacó.

Javier Joven

Una de las paredes de la estancia.
Fotografía de Javier Joven.

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Panorámica de la planta calle.

Modificada

Performance de Rodrigo J. García.

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Instalación de Antonio Chipriana.

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2 comentarios el “Una veintena de artistas zaragozanos llevan lo grotesco a una antigua fábrica de chocolate

  1. michel dice:

    Encantados de recibir este tipo de propuestas. Muy interesante tu artículo Ignacio.
    Espacio en construcción.

  2. Núria (Nurintrad) dice:

    Estuve el domingo en La Fábrica de Chocolate. Sentí el impulso de ayudar al pájaro en su viaje vital, lloré con la historia de amor y guerra, viajé con la poesía y la voz, … Me llené el alma de calidez y conexión con los grandes artistas de butoh, música, voz, pintura, escultura, imagen. Gracias. Y gracias a los organizadores por su iniciativa, esfuerzo, trabajo y cariño. Gran oportunidad para Zaragoza que merece apoyo y ayuda.

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