Grabando la crisis

IGNACIO PÉREZ Y ASTRID OTAL

En Zaragoza existen actualmente una decena de salas de grabación; pequeños Abbey Roads que tienen que hacer frente a la disminución del número de canciones por disco, la caída de las ventas de CDs y la amenaza de los nuevos dispositivos de autograbación. 

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Cabina de los Estudios Roma, lugar en el que Bvocal graba sus discos

Eva Amaral grabó varias de sus canciones en un local de la calle San Vicente de Paúl, el extinto Estudio Central. El grupo Bvocal continúa grabando sus discos en el número 23 de un pasaje comercial cercano a la Plaza Roma, en los Estudios Roma. Y los raperos Rapsusklei y Sho Hai han visitado varias veces el local de Producciones Sin Con Pasiones, en el Actur, para grabar algunos de sus temas.

Escondidos en bajos y en pasajes comerciales, y camuflados mediante fachadas sin rótulos comerciales, en Zaragoza existen actualmente una decena de estudios de grabación profesionales. Pequeños Abbey Roads por los que han pasado artistas como Joaquín Sabina, Labordeta o varios componentes de Héroes del Silencio, y que, a pesar de estar escondidos, no han escapado de la crisis que sufre el sector de la música.

Sin conciertos no hay discos

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Sala técnica de Producciones Sin Con Pasiones, en el Actur

En la mayor parte de los estudios zaragozanos se repite una misma situación contradictoria: el número de discos producidos al cabo del año se mantiene, pero los beneficios disminuyen. ¿A qué se debe? Básicamente a la reducción del presupuesto que cada grupo está dispuesto a gastarse en su proyecto: “Ha cambiado el tipo de producción –señala Marc Pascual, técnico de sonido de Producciones Sin Con Pasiones–: antes, los grupos que venían grababan doce temas y estaban con ese disco meses; ahora, vienen para grabar singles de dos o tres canciones”.

David Marco, socio fundador de Luna Nueva, comparte el mismo punto de vista que Marc Pascual: “Si antes los grupos se gastaban entre 3.000 y 4.000 euros; ahora, esa cifra se sitúa en los 1.500”. Y ambos apuntan a la misma causa para explicar esa reducción en los presupuestos de los grupos: la escasez de conciertos pagados. “Los grupos pequeños conseguían algo de dinero participando en conciertos pagados y vendiendo allí sus discos. Ahora, prácticamente no hay conciertos, y en los pocos que hay no se paga nada a los músicos, por lo que, por un lado, los grupos no pueden vender sus discos, y por otro, no cobran nada”, explica el socio de Luna Nueva. “Es una pescadilla que se muerde la cola –señala el técnico de Sin Con Pasiones–: si no hay conciertos, no hay dinero, y si no hay dinero, no hay grabaciones”.

Nueva solución: Crowdfunding

Juan Campayo, de 20 años, bajista de Salduie, un grupo de folkmetal surgido en Zaragoza hace tres años, confirma esa reducción en el número de conciertos pagados: “De vez en cuando, alguna sala te cede el 20% de la caja, pero, en la mayoría de los casos, tocas gratis”. Gracias al dinero conseguido tras tres años dando conciertos, el grupo Salduie pudo grabar el mes pasado su primer single, La Senda del Cierzo, compuesto por cuatro canciones.

Otro grupo afectado por los conciertos no pagados es El Vicio del Duende, una formación de rock nacida hace diez años en Zaragoza. Su guitarrista solista, Daniel San Emeterio, de 26 años, señala que, en ocasiones, a las bandas les toca poner dinero de su bolsillo: “no te pagan y, encima, tienes que hacer frente a la gasolina, la comida o las estancias”. Viendo que el dinero conseguido mediante conciertos no era suficiente para sacar adelante un nuevo disco, los cuatro integrantes de El Vicio del Duende decidieron probar suerte con una nueva vía de financiación: el crowdfunding. En un mes –entre julio y agosto de este año–, El Vicio del Duende consiguió más de 3.000 euros. Una cantidad que, sumada a los 2.000 euros ahorrados tras años de conciertos, permitió a este grupo grabar su cuarto disco –Alarmas– en el Estudio Sonido XXI de Pamplona, el mismo estudio en el que graban La Fuga, Marea o Tierra Santa.

La codicia rompió el saco

No solo las fuentes de financiación cambian. También lo hacen los soportes en los que se vende la música y la forma en la que esta se graba: de los CDs hemos pasado a los servidores virtuales como iTunes o Spotify; y de los grandes estudios se ha pasado a los pequeños dispositivos de grabación –si bien estos no ofrecen todavía la calidad de un estudio–.

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Estudio del Laboratorio Audiovisual de Zaragoza

Marc Pascual, técnico de Producciones Sin Con Pasiones, achaca los desastrosos números de las ventas de CDs –en una década, han descendido un 71,5%– a la codicia de los sellos discográficos y al surgimiento de internet: “vender un CD a 20 euros siendo que te había costado un euro y medio producirlo era una auténtica salvajada. Ellos mismos reventaron un mercado que ahora podría ser próspero”, señala el técnico. En vista de los malos datos, muchos grupos se están planteando subir sus temas directamente a internet y no editar copias físicas: “lo próximo que hagamos va directo a internet; sin managers, discográficas o intermediarios…”, afirma el guitarrista solista de El Vicio del Duende.

Grábalo con tu iPad

También ha aumentado el número de grupos que no pasan por los estudios y se graban a sí mismos en sus casas. “El cantante de Blur, por ejemplo, grabó su último disco con un iPad”, señala Nacho Celaya, batería de Mister Hyde, formación de pop rock que, en 2007, recibió el premio al “grupo con mayor proyección” en la novena edición de los Premios de la Música Aragonesa, y, en 2009, el premio al “mejor EP”. Nacho Celaya asegura que “los grandes estudios están en proceso de desaparecer” y afirma que, con dispositivos asequibles y la mano de un buen técnico, se pueden conseguir resultados decentes.

Aun así, la mayor parte de los grupos asumen que, si quieren una calidad de sonido excelente, tienen que pasar por un estudio. “Para un grupo pequeño, grabar en un estudio resulta caro, pero es un gasto totalmente justificado: estás pagando por una calidad de audio excelente, por un experto que te supervisa y por unos equipos que cuestan millonadas”, afirma Jorge Royo, de 19 años, cantante del grupo zaragozano 40 grados.

Un micrófono, 4.000 euros

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Producciones Sin Con Pasiones

“Un dispositivo para que suene un arreglo cuesta 12.000; un micrófono, 4.000. Y a eso súmale el diseño de las habitaciones, los materiales aislantes y la presión de tener que estar continuamente renovándote”, explica David Marco, socio fundador del Estudio Luna Nueva –35 euros por hora de grabación–. “Aparte, hay que tener en cuenta que la manipulación del sonido es un arte que requiere años y años de formación. Y eso debe pagarse”, afirma Marc Pascual, técnico de sonido en Sin Con Pasiones –25 euros la hora–.

Si no pueden asumir los precios de los estudios privados, los grupos pequeños tiene otra alternativa: las salas de grabación financiadas con dinero público. En Zaragoza hay dos: el estudio de El Túnel, en el barrio Oliver, y el Laboratorio Audiovisual, ubicado dentro del Centro de Historias. En el primero, la hora de grabación cuesta 20 euros y, en el segundo, la grabación y la postproducción es gratuita y los grupos solo tienen que pagar una determinada cantidad de dinero en función de los CDs que encarguen –a cambio, el Ayuntamiento se convierte en propietario de la grabación–.

Competencia desleal

El Laboratorio Audiovisual de Zaragoza se fundó en 1988 y, en un principio, estaba situado en el Centro Cívico Delicias. En 2008, terminada la restauración del convento de San Agustín, el laboratorio se trasladó a las modernas salas del Centro de Historias. Para conseguir grabar sus discos de forma gratuita, los grupos deben presentar un proyecto en el Ayuntamiento. Un proyecto que es valorado por miembros del Laboratorio y el área de Cultura del Consistorio. “Los criterios de selección no son estéticos, sino técnicos, es decir, lo que cuenta a la hora de decantarnos por uno u otro proyecto no es el estilo musical, sino la viabilidad del proyecto”, explica Daniel Ríos, jefe de departamento del Laboratorio Audiovisual. No obstante, varias fuentes consultadas señalan que los criterios empleados para esa selección son muy ambiguos y dejan bastante libertad al Ayuntamiento para decidir qué se graba y qué no.

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Sala de grabación del Laboratorio Audiovisual de Zaragoza

En 2013, el Laboratorio Audiovisual recibió 20.000 euros del Consistorio de Zaragoza para la reposición de equipos, un 20% menos que el año anterior. Una cantidad que, según varios trabajadores de estudios privados, se emplearía mejor si ese dinero se entregase directamente a los músicos. “El laboratorio audiovisual ejerce una auténtica competencia desleal financiada con dinero público”, asegura una de las fuentes consultadas. Frente a estas críticas, Daniel Ríos responde que, cuando se crearon los primeros estudios privados en Zaragoza, el laboratorio ya existía, y señala que el único objetivo de este servicio es “hacer realidad proyectos que, de otra forma, no verían la luz”.

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