El número de estudiantes de fabla aragonesa aumentó un 20% en 2013

En total, 405 personas asistieron a clases de aragonés en nuestra comunidad durante el curso 2012-2013. Una cifra que, el año académico anterior, se situó en 338 alumnos. A día de hoy, 327 personas cursan estudios de esta lengua en Aragón. 

I. P. I.

El mismo año en que el Gobierno de Aragón decidió bautizar oficialmente al aragonés con el nombre de LAPAPYP, el número de personas apuntadas en cursos de fabla en nuestra comunidad aumentó un 20%. Según el registro que anualmente lleva a cabo la asociación Ligallo de Fablans de Zaragoza, entre septiembre de 2012 y septiembre de 2013, 405 personas asistieron a alguno de los 24 cursos de fabla que se realizaron en distintas localidades aragonesas. 67 alumnos más que los registrados en el curso 2011-2012.

Los últimos datos de ese registro señalan que, a día de hoy, en Aragón hay 327 alumnos matriculados en cursos de aragonés. “Una cifra muy positiva, pero no definitiva, ya que tenemos que ver qué pasa con los cursillos de verano”, explica Chesús Almudévar, uno de los responsables del registro. De las 16 localidades aragonesas en las que podemos encontrar cursos de fabla, Zaragoza es la que aglutina a un mayor número de estudiantes –149–. Le siguen Ejea de los Caballeros, con 22 alumnos; Calatayud, con 15; Barbastro y Sabiñánigo, con 14; y Canfranc, con 13.

Graduación

Fiesta de graduación el año pasado en la asociación cultural Nogará-Religada

Los colectivos pequeños, factor clave

La asociación cultural Nogará-Religada es el colectivo que actualmente cuenta con un mayor número de alumnos de fabla tanto en Zaragoza como en todo Aragón: en total, 62 alumnos, distribuidos en cinco clases de niveles distintos. Cherardo Callejón, profesor de aragonés en esta asociación, asegura que, con respecto al curso pasado 2012-2013, el número de matriculaciones ha aumentado: “tenemos nueve nuevos alumnos”. Y afirma que el aumento del 20% en el número de alumnos se debe a los múltiples cursos que están desarrollando asociaciones pequeñas y profesores independientes por todo Aragón: “hasta hace poco, solo tres asociaciones grandes daban cursos de fabla; ahora, la oferta se ha atomizado mucho”, explica Cherardo Callejón.

Según Javier López, profesor de aragonés en la misma asociación, la mayor parte de los alumnos que acuden a las clases tienen entre 20 y 30 años. “Unos vienen por cuestiones nacionalistas; otros porque quieren ayudar a conservar esta lengua; y la mayoría por simple inquietud cultural, porque quieren conocer algo más de la historia y del patrimonio aragonés”, afirma este profesor.

Captura de pantalla 2014-01-22 a las 14.22.31

La asociación cultural O Trango, fundada en 2009 por varios estudiantes de Filología de la Universidad de Zaragoza, es un buen ejemplo de colectivo pequeño que organizan cursos de aragonés. En la actualidad, esta asociación está formada por seis filólogos que imparten dos clases de aragonés a la semana en el Centro Cívico Universidad de Zaragoza. 23 personas asisten a estos dos cursos. Una cifra mayor que la registrada hace un año –14 alumnos–.

“No hemos vuelto a superar la marca que conseguimos en el curso 2009-2010 (40 alumnos), pero nos conformamos con el hecho de que, año a año, la cifra de alumnos aumenta. Podría hablarse de un mayor interés por el aragonés”, afirma Marco Antonio Joven, profesor de fabla en O Trango.

Clase O trango

Clase de aragonés en el Consello d’a Fabla, en Huesca

Los veteranos discrepan

No obstante, no todos los colectivos comparten el punto de vista optimista de O Trango o Nogará. Chan Baos, presidente de Ligallo de Fablans, una de las primeras asociaciones que ofrecieron cursos de aragonés en Zaragoza, afirma que las cifras actuales no se pueden comparar con las de hace treinta años: “mientras que a finales de los 80 podías tener tranquilamente 100 alumnos; ahora, llegar a los 20 es todo un logro”. Chan Baos no achaca este descenso a un menor interés por el aragonés, sino a la decadencia de los movimientos asociativos: “a día de hoy, apuntarse a una asociación de cultura aragonesa y aprender fabla no tiene ningún beneficio más allá del cultural. Y ese incentivo, en época de crisis, no se tiene en cuenta”, asegura el presidente de Ligallo de Fablans. 

El mismo diagnóstico pesimista realiza Chusé Ignacio Navarro, presidente del Consello d’a Fabla Aragonesa, la primera asociación en defensa de la lengua aragonesa que surgió en nuestra comunidad –más exactamente, en Huesca, en 1978–. Al igual que el presidente de Fablans, Chusé Ignacio Navarro asegura que hay una gran diferencia entre los años 80 y el presente: “en el 89, por ejemplo,  llegamos a tener 60 alumnos; ahora, solo damos clase a 12”.

Nunca han existidoFabla

Donde no hay ningún tipo de discrepancia entre asociaciones es en el ámbito de las ayudas públicas para el fomento del aragonés. “Sencillamente no existen. Nunca ha habido una subvención económica destinada exclusivamente a colectivos que enseñan fabla y realizan actividades en aragonés. Las pocas ayudas que hemos conseguido nos las han dado por el simple hecho de ser una asociación”, asegura Marco Antonio Joven, profesor de O Trango. “Además, la única institución a la que actualmente te puedes dirigir en aragonés es El Justicia. En las demás, directamente se te ríen. Es bastante deprimente”, se lamenta Cherardo Callejón, miembro de Nogará-Religada.

 

Récord en la duodécima cita con el cómic

El XII Salón del Cómic de Zaragoza batió su récord con 17.000 visitantes y 9.000 entradas vendidas. Apasionados del manga y de las viñetas se reunieron para disfrutar del evento; algunos, caracterizados de sus personajes favoritos. Tiendas, editoriales y autores aprovecharon los días para vender y darse a conocer

IGNACIO PÉREZ Y ASTRID OTAL

DSC_0514

Caracterizaciones de los enemigos de Batman

Había un Joker con su traje morado, su cara blanca y su pelo verde. A su lado, se podía observar a Scarecrow, también conocido como Espantapájaros, otro de los villanos de Batman, que con su traje pretendía, al igual que en la película, inducir terror a sus víctimas. Pero también acudieron un Saiyans, un Depredator o un Ultramarine de warhammer; personajes menos conocidos para los poco habituados al mundo del cómic y del manga, pero tremendamente famosos para los fanáticos de las viñetas.

El XII Salón del Cómic de Zaragoza se abarrotó; se hicieron colas todos los días a las horas de entrada y hubo momentos de colapso en el interior. La gente no se quiso perder la que se considera ya la gran fiesta del tebeo en la capital aragonesa.

Cándido Herrero había estado preparando su caracterización durante siete meses. Silicona, goma eva, cartón, algodón, cuero y una infinita paciencia para elaborar manualmente al cazador alienígena de Depredator. El mínimo detalle quedó plasmado. Y una vez en los pasillos del Salón de Cómic, se metió en el papel para reproducir cada gesto y movimiento del extraterrestre que acechó a los mercenarios de la CIA. “En enero de este año me quedé en el paro y mientras buscaba trabajo, para no aburrirme en casa, me replanteé hacer un buen disfraz para este evento”, explicaba Cándido Herrero a la vez que se quitaba el casco y dejaba comprobar, con las gotas de sudor que le resbalaban por la cara, el calor que estaba pasando allí dentro.

DSCF2036

El disfraz de Depredator de Cándido Herrero

El concurso de cosplay programado del sábado –moda en la que los participantes se visten de un determinado personaje- congregó al mayor número de personas que fueron disfrazadas al Salón. En las actuaciones del concurso hubo de todo: desde coreografías elaboradas e imitaciones de escenas de videojuegos hasta actuaciones rocambolescas y canciones japonesas desafinadas. Break dance al ritmo de una canción cantada por un esqueleto viviente regresado del mundo de los muertos; un baile de seis chicas que llevaban ensayando un mes o una actuación en la que, nada más subir, los asistentes gritaron entusiasmados ¡Capitán, capitán! para referirse al disfraz de Ultramarine de warhammer.

Pero también entraron a la Sala Multiusos del Auditorio de Zaragoza personas sin caracterizaciones de todas las edades que sentían, como cada año, curiosidad por la cita del cómic. Javier Machín acudió porque es un coleccionista del Capitán Trueno y quería comprobar si habían sacado novedades este año. “Todos los años vengo porque en la época de mi infancia, en el franquismo, se censuraban viñetas del Capitán Trueno. Ahora se sacan las ediciones originales, sin prohibiciones, y me gusta comprarlas para leerlas y tenerlas en casa”, explica Machín. A todos ellos, los esperaban las tiendas, las editoriales y los autores que se encontraban detrás de los diferentes stands.

Los autores, cercanos al público

Alfonso Zapico, Álvaro Órtiz, David Rubín, José Antonio Ávila, Alfredo Murillo, Susana Martín, XCAR, Paco Hernández o David López fueron algunos de los muchos autores que se pudo encontrar el público en el Salón del Cómic de Zaragoza.

DSCF2040

José Antonio Ávila, autor de Blanquito

José Antonio Ávila firmó ejemplares de Blanquito, premio 2013 al guión adaptado a partir de novela de Mariano Viñuales. Ávila hizo el dibujo y puso la tinta y el color a las vivencias del madrileño de familia oscense que emigró a México por la Guerra Civil. Cree que el Salón sirve para promocionar el cómic que se hace en Aragón: “Se le da un empuje, que nunca viene mal. Además, así nos damos a conocer, estamos de cara al público y es una plaza fuerte para vender”, apuntó el autor de Blanquito.

Alfredo Murillo y Francisco Fernández acercaron su webcómic Las crónicas de Maltilda. Son autores de Badajoz y de Sevilla que, junto a otro de Valencia, dibujaron un cómic adaptado para leer en Internet. Aprovecharon la cita en Zaragoza para hacerse un hueco y explicar las ventajas del webcómic. “Cada vez hay más gente que lee en el medio online y es un buen método para darte a conocer si eres un autor novel. Internet te permite poder ir teniendo un nombre poquito a poco, además de poder interactuar con los lectores. Gracias a la gente que conocía nuestro trabajo, Las crónicas de Matilda se ha financiado a través del crowdfunding”, informaron ambos.

DSCF2016

El stand de Malavida

Los dibujantes de Malavida tuvieron su stand. XCAR, uno de los autores, defendió que el Salón del Cómic de Zaragoza es algo hecho desde lo público para el público. “Además, la gente que viene no son solamente las personas a las que les gusta de por sí este mundo, sino que también asisten las familias”, indicó XCAR. El equipo de Malavida puso sobre la mesa sus tebeos de un humor enfocados desde el lado más macarra: Los Mediamierdas, Thurrakos, Mariano, etc. Pero explicaron que no solo hacen humor, sino también adaptaciones de novela, de clásicos de rock hasta tebeos feministas. “Con el humor es más fácil llegar al público y éste reconoce tu trabajo. Sin embargo, la crítica piensa que eres un bufón y un bromista que se lo pasa estupendamente sin más”, señaló el dibujante.

Alfonso Zapico pudo presentar en el Salón del Cómic su trabajo El otro mar; un cómic que narra el viaje del descubridor Vasco Núñez de Balboa, el primer europeo que en 1513 divisó el Océano Pacífico. Alfonso Zapico investigó los hechos históricos y vivió sus propias experiencias realizando el mismo viaje que el descubridor 500 años atrás. Charló con los oyentes y les contó que en realidad no es una recreación histórica detallada: “el 90% de lo que he dibujado son anécdotas que observé y conversaciones que escuché”. Adelantó a los asistentes que su nueva obra, sobre la Asturias de los años 30, saldrá para septiembre del 2014.

Tiendas y editoriales, en busca de clientes

En los pasillos se distribuyeron más de setenta stands. Estuvieron los que dedicados a las miniaturas que mostraban figuras del Doctor Doom, Cíclope, Magneto o Star Trek; los que tenían las estanterías llenas de peluches de pokemon; los que disponían de kimonos y accesorios de la cultura japonesa y los que lucían desde tazas hasta bandoleras que plasmaban el mundo del manga. DSCF2012Pero en los stands, lo que más abundó fueron las decenas de cómics que se expusieron.

La tienda Zaragoza Taj Mahal resaltó que el Salón les sirve para visibilizarse: “que la gente te vea, decirle dónde estás y qué puedes ofrecerles”. Todos los años apuestan por el evento porque, como explicaron, es algo que se anuncia en toda la ciudad, en la prensa y en las redes sociales; se traen a los mejores autores que existen a nivel nacional y “hace que la gente se interese por ese mundillo”.

Sin embargo, a la hora de hacer balance de ventas todos se mantienen más cautos, aunque, en general, se sienten satisfechos. Thermozero, que se llevó por segundo año consecutivo el premio al mejor fanzine, aprovecha a sacar sus novedades en vísperas de estas fechas. Señalaron que el Salón es un punto fuerte de ventas y que les está yendo bastante bien. Otros, como los de la tienda El Anillo de Sirio, esperan, al menos, amortizar el viaje: “nosotros somos una editorial que venimos desde Valencia. Hemos vendido algo y esperamos que salgan las cuentas. Pero creemos que el Salón nos sirve más para darnos a conocer”.

El domingo concluyó la cita que reunió a los apasionados del cómic durante tres días. Tocó decir hasta el año que viene después de que, una vez más, se llenara la Sala Multiusos del Auditorio de Zaragoza y se considerara la edición, el mayor éxito producido hasta entonces.

Mafalda, cincuenta años después

La niña a la que no le gustaba la sopa cumple 50 años y más de una treintena de dibujantes aragoneses le han rendido homenaje. Los autores de viñetas han sacado sus lápices para ofrecer su particular versión de Mafalda en una exposición que se muestra en el Centro Cívico de la Universidad hasta el 16 de diciembre.

ASTRID OTAL BELTRÁN

Mafalda puede que sea la tira argentina más famosa en el mundo; esa que muestra a una niña crítica preocupada por la paz y la humanidad. Quino, su creador, explicó en una entrevista realizada en Buenos Aires en 1987 que Mafalda había surgido de un conflicto, de una contradicción: “a uno de chico le enseñan una cantidad de cosas que no deben hacerse porque están mal y hacen daño. Pero resulta que cuando uno abre los diarios se encuentra con que los adultos perpetran todas esas cosas prohibidas a través de masacres, guerras, etc. Ahí se produce el conflicto. ¿Por qué los grandes no hacen lo que enseñan?”.

Mafalda tuvo un éxito y un impacto tremendo, pero se quedó congelada en la misma edad. Ahora, cuando se cumplen cincuenta años desde que vio la luz, los dibujantes aragoneses han imaginado qué ha pasado durante todo ese tiempo y qué ha sido de esa niña; pero cada uno tiene su particular desenlace.

2013-12-03 18.43.52

La Mafalda de Chesús Calvo

Está la Mafalda ya crecida de Chesús Calvo que con un periódico en la mano mira con cara de frustración una bola del mundo mientras comenta: “¡Dale, che, los años pasan y no mejorás ni un poco!”. La Mafalda de Guillermo Montañés que se ve rodeada de señales que advierten corporaciones sueltas, capitalismo y la caída de la educación y sanidad. O la Mafalda de Antonio Moratha que incluye a un Mariano hablando de que crece el paro, la corrupción, la desigualdad, las guerras y el hambre.

2013-12-03 18.46.24

Mafalda casada con Felipe, la versión de Malavida

Pero también se encuentra una Mafalda zaragozana con el cachirulo puesto o la Mafalda acompañada por el resto de sus amigos. Está la que terminó casada con Felipe y la que, por el contrario, acabó con Susanita reivindicando los derechos de las lesbianas. Está aquella que Miguel Ángel Monreal dibuja comiéndose el mundo con mala cara en una cucharada de sopa o aquella en el que es el mundo, con el paso de los años, quien ha acabado con ella. Las versiones son diferentes y dispares pero los asistentes que se paran en cada versión coinciden en una cosa: son originales e interesantes.

Rutz Garcy creció desde niña con las tiras de Quino. Le apasiona la manera de ver el mundo que tiene Mafalda. Afirma que refleja una época pero que sigue siendo muy actual todo lo que dice aunque hayan pasado los años. Tres señoras que están en otro lado comentan en voz alta que Mafalda sigue comunicando y que la exposición que han montado los autores aragoneses es “muy majica e interesante”. Se han parado particularmente en la de Alfonso Zapico: la que muestra a una Mafalda igual, que no ha crecido, donde una voz que le dice: “¡Eh Mafalda! ¿Cómo es que han pasado cincuenta años y sigues igual?”. Ella contesta a gritos: “¿Pues no sigue casi todo igual que hace cincuenta años? Pues eso”.

También visitan la exposición señores a los que ya les pilló Mafalda de adultos y, ahora, son ancianos. Amado Herrero Pérez dice que es “precioso” el homenaje que han hecho los dibujantes. Y añade con humildad: “no sé mucho para juzgar, pero a mí me parece bonita”.

2013-12-03 18.56.29

También están los que la han dibujado con referencias actuales, como el “relaxing cup of café con leche”

Quino dejó de dibujar las tiras de Mafalda en 1973 cuando, después de diez años, su autor decidió que no podía continuar sin repetirse. Pero Mafalda sigue sobreviviendo al paso del tiempo y las historias que manifiesta son de índole universal. Y eso lo saben perfectamente los dibujantes aragoneses que le han rendido homenaje en una exposición que se mantendrá hasta el 16 de diciembre en el Centro Cívico de la Universidad.

Mafalda1

El cómic aragonés: de los fanzines más macarras a las historietas autobiográficas

 ‘Malavida’, ‘El último templario’, ‘Little Renna y la fuente mágica’ y ‘Thermozero’ son algunos ejemplos de los tebeos publicados por las cuatro principales editoriales aragonesas dedicadas al cómic. Estas editoriales, junto a dibujantes y aficionados, se darán cita el 13, 14 y 15 de diciembre en el XII Salón del Cómic de Zaragoza

ASTRID OTAL BELTRÁN

Existen números de cómics que ironizan memorables series como aquella en la que David Hasselhoff o Nicole Eggert corrían por la arena con una tabla salvavidas; y versionan una apacible jornada que se ve truncada por un “capullo descerebrado que no siguió las recomendaciones de Los vigilantes de la playa”. Otros reproducen historias autobiográficas como la de un oscense que, por la Guerra Civil, tuvo que huir a Republicana Dominicana, donde conocería a un chaval de doce-catorce años que sería una especie de “Huckleberry Finn o un Lazarillo de Tormes dominicano”. Y también están los que muestran a vikingos espaciales o escenarios pos-apocalípticos en los que se tiene poco que perder. Pero lo que aúna a estos diferentes ejemplares es que todos ellos son de creación aragonesa.

En Aragón existen tres editoriales potentes dedicadas a la producción de cómics: Editorial Cornoque, GP ediciones y Romano Ediciones. Este mismo año nació una más, Obano Ediciones, pero de momento solo han sacado un tebeo: ‘Little Renna y la fuente mágica’, enfocada al público más joven.

malavida_8

El número 8 del cómic Malavida

Editorial Cornoque publica la sarcástica ‘Malavida’, una asociación formada en 1994 con una tirada de 2.500 ejemplares que se distribuye gratuitamente en tiendas especializadas de Zaragoza. Son autores aragoneses macarras que suelen sacar dos ejemplares al año. Antonio Moratha, Chema Cebolla, Chefo y Carlos Pérez, entre muchos otros, garabatean sobre, básicamente, lo que les viene en gana.

Además de la revista ‘Malavida’, su equipo también crea otros títulos como  ‘Pedro Pico y Pico Vena: los lunes al sol’ o ‘Los Mediamierdas’. El fin que persiguen no es otro que disfrutar con lo que hacen y las dosis de humor nunca faltan hasta cuando hablan de su forma de trabajo: “uno hace el guión, otro el lápiz, otro la tinta, otro el color, otro se queda en casa tocándose los huevos… ¡Y encima todo pintadico a mano, pasando de ordenadores y esas cosas modernas!”.

GP Ediciones, dirigido por Sara Perales y Daniel Viñuales, tiene una vocación más editorial. Han publicado once cómics entre los que destacan ‘Blanquito’, ‘El manuscrito Saknussemm’ o ‘El último templario’ –éste último, de Juanfer Briones, ha tenido una gran acogida y fue éxito de ventas en la Feria de Libros de Monzón-. Daniel Viñuales, en una entrevista que concedió al Viñetario opina que el panorama del cómic aragonés está lleno de buenas ideas y proyectos, y que el balance de GP ediciones es positivo: “no solamente por la posibilidad de editar cosas que te gustan, sino por la cantidad de amigos y amigas que vamos haciendo. No son buenos tiempos para negocios de este tipo (bueno casi de ningún tipo), por eso vamos intentando dar los pasos correctos en la dirección adecuada”.

Romano Ediciones publica Thermozero, que apareció hace dos años con una doble finalidad: dar a conocer a la gente el cómic aragonés y unir a los dibujantes de la comunidad para evitar la dispersión. Óscar Senar es uno de los coordinadores de este cómic. Destaca que Thermozero tiene la voluntad de ser un escaparate del cómic aragonés. “Antes parecía que cada uno andaba por separado, pero ahora hemos rescatado a gente y a corrientes en un mismo tebeo. Y esto sirve para que todo el mundo sepa lo que se hace en Aragón: desde el humor hasta lo más serio que editamos”, explica Senar.

Oscar Senar

Óscar Senar y otro compañero de Thermozero

Thermozero ha estado nominado a los premios que se otorgan en el Salón de Cómic de Barcelona desde que salió a la luz, aunque en ninguna de las dos ocasiones se ha llevado el galardón. Óscar Senar ironiza: “Nos nominan más que dar premios. Pero nosotros bromeamos que casi es mejor que sea así porque de estar forma nos tienen que invitar los siguientes años a asistir”.

Casi todas las novedades que se publican se sacan próximas a la cita del Salón del Cómic de Zaragoza, porque los autores son conscientes del tirón que tiene el evento. Dibujantes y editoriales se reunirán en la XII edición que se celebrará en la capital aragonesa el 13, 14 y 15 de diciembre. El año pasado acudieron más de 40 autores nacionales y aragoneses, más de 70 expositores y atrajo alrededor de 15.000 visitantes que pagaron un módico precio de un euro por entrada.

Pero los creadores y enamorados de los tebeos también consideran este encuentro como un punto de unión muy fuerte. Hace dos años el Ayuntamiento de Zaragoza casi cancela la cita por recortes económicos; no obstante, pronto tuvo que dar marcha atrás por las protestas que se sucedieron. Autores, editoriales, asociaciones, libreros y gente apasionada de los cómics escribieron quejas abiertas -algunas emotivas- para evitar que la administración suspendiera el evento.

Logo Salón

La XII edición del Salón del Cómic de Zaragoza se celebrará los días 13, 14 y 15 de diciembre

El cómic aragonés, en el ámbito nacional, desprende buen rollo –como escriben algunos de sus aficionados- y talento. Se dibuja, se edita y se publican tebeos. Pero también se tiene una finalidad más: comunicar el tebeo, hacer que llegue y que la gente se interese por las historias enmarcadas en viñetas.

Un cuenta cuentos para alcanzar la integración

Diversas asociaciones de inmigrantes y minorías étnicas se juntan este sábado para narrar a los más pequeños las costumbres y características de sus culturas

ASTRID OTAL BELTRÁN

Existía una torre de cinco pisos, pero el habitante de la última planta se marchó. Vendría a vivir un hormiga, trabajadora y constante, pero acabaría detestando a la gallina vaga que vivía en el edificio. Luego llegaría una coneja, pero acabaría fatal con el cuco. El cerdo sería el tercer inquilino que habitaría la casa de la quinta planta, pero también se marcharía enseguida porque no soportaría las reprimendas de su vecina la gata, organizada y limpia. La paloma sería la última y la definitiva en ocupar la casa de la quinta planta; la única a la que no le gustaría verdaderamente el piso, pero sí los vecinos.

Buenos vecinos es uno de los cuentos judíos que Tinna Segal narrará el próximo sábado en las jornadas Cuenta cuentos del mundo: cuentos de solidaridad y convivencia. La asociación a la que pertenece, Sefarad Aragón, participa en esta actividad que el colectivo Distintos en la Igualdad viene organizando desde mediados de noviembre. El objetivo es claro: acercar a los más pequeños las distintas culturas del mundo para que, en el día de mañana, no quepan los prejuicios étnicos.

Sefarad aragon

Tinna Segal y una de sus compañeras en la lectura de cuentos judíos

Tinna Segal aparecerá con la vestimenta habitual judía y con un libro gigante que mostrará a los asistentes. Comenzará a abrirlo pero del revés, porque los judíos escriben de izquierda a derecha, y les contará historias que transmitan costumbres judías y valores en igualdad. “Aunque existan cosas que nos diferencien, en lo esencial somos lo mismo. El cuento de Buenos vecinos refleja tópicos de las diferentes culturas. Y termina con la paloma: la paloma que es capaz de fijarse en los aspectos buenos de sus vecinos, en lugar de observar solo lo tópico, lo malo” apunta Segal.

La integrante de la Asociación judía Sefarad explica que el racismo proviene de un desconocimiento de las demás costumbres, que vistas con los ojos de la propia, provoca un rechazo y una incomprensión. “Con los cuentos se transmite a los niños que las pequeñas diferencias no nos tienen que separar; que a todos nos preocupa lo mismo, que, por ejemplo, no somos unos raros por no celebrar la Navidad. Y se les explica el porqué de la forma más sencilla y divertida: a través de fábulas e historietas”.

Después, cuando finalicen los cuentos judíos y Tinna Segal se retire, entrará en la sala Barion Aguilar caracterizado con la ropa indígena ecuatoriana de la época de la colonización. Contará a los asistentes la leyenda de Cantuña, una historia basada en el misterio que rodea a una de las iglesias más grandes de Quito, la de San Francisco, a la que le falta un bloque de piedra y los paisanos aún tratan de encontrarla. Pero el cuento, como explica Aguilar, también tiene una doble finalidad: “hacer llegar a los niños que no solamente somos nosotros, los ecuatorianos, los que venimos a España. También los españoles viajaron a nuestras tierras para conquistarnos. Y ni la esclavitud del momento ni el racismo que pueda existir ahora son las únicas formas posibles; la verdadera solución se encuentra en la convivencia y en la tolerancia”.

Los cuenta cuentos del mundo acogerán historias de diversas nacionalidades en el bar El Momo: historias argelinas, chilenas, rumanas o las que provienen de la cultura oriental. Pretenden hacer comprensibles las costumbres o tradiciones para alcanzar una sociedad integradora que supere las diferencias. Y eso a través de animales, personajes ficticios o seres místicos que, en un mundo de cuento, transmitan a las futuras generaciones el encanto y las características de cada cultural.

Los libros que viajan de lector a lector

BookSharing es un proyecto de cinco estudiantes de la Universidad de Zaragoza. Proponen un intercambio de libros: uno deposita aquellos que ya se ha leído para que otras personas los puedan disfrutar mientras que se lleva otro ejemplar a casa

ASTRID OTAL BELTRÁN

A veces los libros mueren olvidados en las estanterías. No encuentran otros lectores más allá del dueño que los disfrutó y los dejó almacenados sin volver a prestarles atención; pero existen iniciativas que pretenden evitar que esos libros queden definitivamente inutilizados. Y esas iniciativas buscan que se compartan los libros, que la gente los intercambie por otros, que se consigan traspasar de un sitio a otro.

BookSharing (2)

De izquierda a derecha: Alba Sánchez, Diana Valladares, Ignacio Arnal, Alina Murarescu y Javier Prats

Ignacio Arnal y Alba Sánchez son dos estudiantes de la Facultad de Economía y Empresa. Junto con otros tres compañeros más han puesto en marcha un proyecto llamado BookSharing que persigue animar la lectura entre los ciudadanos de Zaragoza: “queremos que los libros que han caído en el olvido encuentren una segunda oportunidad en las manos de otros”, explica Ignacio Arnal. Los cinco estudiantes han habilitado espacios en tres establecimientos para el intercambio de libros: la librería La pantera Rosa, la biblioteca de la Facultad de Economía y Empresa y el bar-café Minämi. Todo aquel que acuda a esos tres lugares se puede llevar gratuitamente uno de los libros depositados. “Buscamos un intercambio. No es obligatorio que todas las personas dejen un libro por cada uno que se llevan, pero de lo que se trata es de colaborar. No queremos que desaparezca todo el fondo de libros”, apunta Alba Sánchez.

Los alumnos desarrollaron esta propuesta a través de una de sus asignaturas,  Dirección de Entidades de Economía Social, en la que se les instaba a crear un proyecto sin ánimo de lucro. Los cinco estudiantes eligieron esta opción ya que, además, así expandían una cultura que fuera accesible a todo el mundo: no hay dinero de por medio. Pero esta idea que han puesto en marcha ya tiene historia.

En 2001, en Estados Unidos, comenzaron a aparecer libros en lugares públicos: en las puertas de edificios, en los bancos del parque, en las paradas del metro y del autobús. En 2003, Barcelona y Gijón se sumaron a dejar libros a la intemperie. Hoy en día, en España, cientos de personas deciden dejar los libros que ya leyeron debajo de un árbol, en un ascensor o en lugares articulados para este intercambio. En Zaragoza, se impulsó esta idea de forma organizada en 2007 en el centro municipal de transeúntes. Cinco años después, un grupo de estudiantes han retomado este proyecto para que a los libros no se les acumule el polvo.

“Impulsar la lectura. Un estudio que se realizó este año en Aragón concluía que leen de media en nuestra Comunidad Autónoma un 60,3%. Nos situamos por encima de la media nacional, pero aún hay muchas personas que no tienen este hábito tan necesario”, señala Alba Sánchez, una de las estudiantes impulsoras.

Aunque los libros que se depositan son gratuitos y los puede coger cualquier ciudadano, Ignacio Arnal reconoce que la participación está costando: “en la Pantera Rosa apenas ha habido movimiento; en la biblioteca de la Universidad sí, la gente se los lleva pero es reacia a dejar; el bar-café Minämi es el sitio donde más éxito está teniendo”.

BookSharing (5)

El bar-café minämi

La cafetería Minämi es un bar alternativo de sofás y sillas, de mesas de madera artesanales y de vasos de cerámica que imitan las arrugas de los de plástico. El interior recuerda a los del norte de Europa, a los que se pueden encontrar en Praga, Holanda o Alemania. Justo cerca de la barra, en una mesa, se encuentran los libros del BookSharing. Miriam Redondo es una de las camareras. Explica que en el bar sí que la iniciativa está siendo acogida por los clientes: “la gente se anima a leer mientras toma el café; preguntan y se les informa. Los cogen y dejan otros. También están algunos que deciden no llevárselos, sino que prefieren leer un capítulo aquí y cuando vuelven al día siguiente retomarlo si aún está disponible”.

Actualmente, 17 libros variados descansan sobre la mesa: desde El niño con el pijama a rayas, El diario de Bridget Jones o Edad prohibida, hasta dos libros que recogen las memorias de José María Aznar. Pero Miriam Redondo afirma que los primeros días fueron críticos porque partieron con una docena y se quedaron con tres. “La gente arramblaba y no los devolvía. No es una obligación pero es necesaria una confianza que asegure que, si coges un libro, uno se comprometa a dejar otro o a devolverlo cuando lo termine”, añade la trabajadora. El proyecto volvió a resurgir cuando, clientes desinteresados, depositaron libros que ya no necesitaban: “un señor nos trae libros románticos. Verdaderamente, hay personas muy involucradas”, concluye Miriam Redondo.

BookSharing (8)

La mesa donde se depositan los ejemplares para compartir del BookSharing

BookSharing (11)

Marta Sofía Ruiz, clienta del Minämi, hojeando los libros

Marta Sofía Ruíz es una joven que frecuenta la cafetería. Cada vez que acude al bar se para para hojear los libros. Piensa que es una idea genial porque compartir ejemplares puede hacer que descubras autores en los que nunca antes habías reparado. Confía en que el proyecto de los cinco estudiantes de Economía y Empresa prospere. Ella pone su granito de arena para que continúe esta red cultural.

Un texto micro para contar una ciudad

La Federación de Asociaciones de Barrios de Zaragoza organiza el IV concurso de microrrelatos La calle de todos, que en su última edición tuvo casi 400 participantes, algunos incluso del extranjero

ASTRID OTAL BELTRÁN

Visibilizar Zaragoza en 1.500 caracteres con espacios. Apenas veinticuatro líneas para condensar paseos por las calles, recuerdos, hitos históricos, homenajes a monumentos o vivencias intrínsecas dentro la ciudad. “Buscamos que la gente se exprese, que hable de su ciudad, a la vez que se transmite al resto de la población que Zaragoza no solamente es el Pilar o el Puente de Piedra; que los barrios también son parte fundamental”, puntualiza Paco Felipe Ayala, redactor de la revista La calle de todos.

DSCF2005

Expresar con pocas palabras toda una historia

La revista, que pertenece a la Federación de Asociaciones de Barrios de Zaragoza (FABZ), organiza un concurso de mircrorrelatos cada año. La idea, que ya va por la cuarta edición, surgió porque querían fomentar la vida cultural y la participación de los lectores; impulsar que la gente expresara la visión que tiene de Zaragoza. Raúl Garcés Redondo, el ganador de la primera edición del concurso, imaginó a un hombre que observaba la Puerta del Carmen; miraba con detenimiento los rasguños de épocas pasadas justo antes de situarse al frente para defender a la ciudad del enemigo francés. Pero también está ese matrimonio envejecido, ya abuelos, que recuerda en su casa el olor a azúcar quemado de los merengues y la primera vez que se dieron la mano en la plaza Paraíso, como describe Cristina Araújo Gámir, una de las finalistas de la segunda edición. En el último concurso celebrado el año pasado, Javier Martínez Aznar recreaba un paseo por la galería que terminaba a la salida del Portillo; el paso subterráneo que existía antes de que se construyera la estación de Goya. Su relato, Sergio bajo tierra, recorría el camino para llegar puntual a las citas con Lucía.

La participación en el concurso ha ido creciendo cada año: de los 100 microrrelatos que recibieron la primera vez a los más de 370 del pasado concurso. Paco Felipe Ayala, uno de los trabajadores de la revista La calle de todos, explica que el género de los microrrelatos está en auge, quizá, porque no requiere tanto esfuerzo como las narraciones de larga extensión: “los ciudadanos se animan, tienen ganas de expresarse y eso, sumado al boca a boca de la existencia del concurso, ha hecho que se incremente el número de microrrelatos que recibimos”. Y no solamente participan la gente propia de Zaragoza, sino que también reciben escritos de las demás provincias y partes del mundo: “el año pasado –recuerda Felipe Ayala- quedó finalista un hombre brasileño que redactó desde Japón”.

El éxito, para el redactor de La calle de todos, también se encuentra en que, además del dinero del premio, los textos de los ganadores y de los finalistas se publican en la revista, que tiene una tirada de 9.000 ejemplares.

Lo micro parece estar de moda, y ya sea organización de FABZ, del Ayuntamiento, de los colegios, de los institutos o de diferentes organizaciones zaragozanas, se ofrece al ciudadano participar en este tipo de concurso. A veces, con el tema libre; otras, con pautas determinadas. Pero lo que queda patente es que las personas se animan a escribir en pocas líneas, todo aquello que quieren transmitir.