Héctor Pérez: “La música es la pasión de mi vida, hay que creer en tu trabajo y dejarse el alma”

El joven cantante zaragozano Héctor Peréz acaba de grabar su primer disco

El joven cantante zaragozano Héctor Peréz acaba de grabar su primer disco

Héctor Pérez (Zaragoza, 1993) estudia tercero del Grado de Periodismo en la Universidad de Zaragoza, pero en esta entrevista hablamos sobre todo de su pasión por la música. Le gustaría algún día poder ganarse la vida con ella. Héctor ha estado recientemente en Madrid grabando su primer disco: “Billetes de ida y vuelta”.

JAVIER PUEYO

¿Te gusta el Periodismo?

Me gusta como oficio, no el periodismo que se hace actualmente.

¿Desde cuándo tienes esa vocación profesional?

Desde pequeño he sido muy suelto de palabra. Siempre me ha gustado expresar mi opinión, nunca me callo nada.

 ¿Qué campo dentro del periodismo te gusta más, quizá el deportivo o el cultural?

Si tuviera que elegir me quedaría con el periodismo de opinión, el de tipo cultural. La cultura es vital para la persona porque la forma en todos los aspectos. Por ejemplo, el leer es una forma de cultura.

  ¿En qué medio?

La prensa escrita. Me gusta leer el periódico en papel. No me va leerlo en Internet. Soporte en papel para todo: periódico, libros y cartas.

 Veo que tienes una devoción  total a la música ¿qué tipo de música haces?

Es difícil definirla. Prefiero que lo hagan otros. Está ligada a la poesía, a la canción de autor; yo mismo hago la letra. La letra tiene que decir algo, es algo que no puedo guardar dentro, algo que necesito sacar. La música es la pasión de mi vida y disfruto mucho con ella.  Ahora estoy metido en un sueño: grabar mi primer disco. Estoy muy agradecido a muchísima gente.

 ¿Qué instrumentos tocas?

La guitarra desde los 8 años. He tocado la acústica y la eléctrica más que la clásica. Me va más la acústica.

 ¿Tocas solo o en un grupo?

Toco solo. Pero cuento con gente que me acompaña en los conciertos. Para la presentación del disco quiero hacerlo con banda, que llena mucho las canciones.

  ¿Has tocado ante un auditorio?

Sí, sí, sí. En muchos sitios. Algunos especiales: por ejemplo presenté las canciones yo solo en el teatro Apolo de Almería. Era la primera vez que me invitaban.

  ¿Has hecho algún disco?

Lo tenía en maqueta previa, pero éste es mi primer disco. Tiene 7 canciones y lo he grabado en Madrid.

 ¿Qué tipo de música te gusta?

La música en general. Me gustan todos los estilos: el rock, la música clásica. Reducirse a un estilo es perderse vida. La música se expresa de muchas maneras y estilos distintos.

 En Altera Zaragoza buscamos noticias originales del mundo alternativo e independiente de Zaragoza. ¿Se te puede calificar de independiente?; ¿Tu música es alternativa, distinta, original?

Sí, he tenido muchas influencias, pero quiero que mi música sea algo distinto a lo que he oído.

 ¿Dónde ensayas?

En casa.

 ¿Debería haber subvenciones para cantantes que comienzan?

Sí, porque los comienzos son muy duros.

 ¿Crees que cuesta mucho ser un cantante conocido?

Claro que cuesta, pero eso es una consecuencia. Lo más importante es primero disfrutar de tu trabajo y sobre todo cuidar mucho a la gente que te escucha. El público es lo más importante. Igual que a mí me gusta que otros artistas sean cercanos –yo escucho su música- a toda la gente que escuche mi música estoy agradecido, porque ellos son la causa de que yo siga haciendo canciones.

 ¿Qué crees que hace falta?

Perseverancia y no rendirse nunca. Cree en tu trabajo y déjate el alma.

  ¿Cómo ha afectado, según tú, a la música la aparición en Internet?

Hay de todo. Por un lado ha sido muy positivo respecto a la forma de difundir la música, de comunicarte tú con la gente -cosa fantástica, mejor invento para la música por el momento-, pero también hay una cosa mala, que es lo que más daña la música: la piratería. Es una vía muy fácil para robar. Robo no penado, como si robaras algo en una tienda. Una forma de robo como otra cualquiera. Es lo que más daño puede hacer a la música.

 ¿Subirías gratis a la red tus canciones? 

No, de la misma forma que no le pediría gratis a un pintor que me pinte la casa. He participado en conciertos benéficos. Me parece genial. He hecho muchos voluntario, pero cuando voy a ver un concierto me gusta pagar la entrada, porque es una forma de reconocer la labor del músico.

 ¿Qué piensas de los derechos de autor?

Me parecen muy bien. No obstante, según el precio que haya que pagar. Gente con pocos recursos también tienen el derecho a disfrutar de la música. No hay que abusar a la hora de poner precio a los derechos de autor. Me parecen bien, algo justo.

Héctor, moviendo su melena, sale con brío de la cafetería de Filosofía donde hemos hecho la entrevista. Ojalá tenga suerte con sus proyectos profesionales y artísticos. Es un ejemplo más de una juventud alegre y comprometida que tiene mucho que aportar a una sociedad muchas veces sin ideales, como los que Héctor encarna.

Grabando la crisis

IGNACIO PÉREZ Y ASTRID OTAL

En Zaragoza existen actualmente una decena de salas de grabación; pequeños Abbey Roads que tienen que hacer frente a la disminución del número de canciones por disco, la caída de las ventas de CDs y la amenaza de los nuevos dispositivos de autograbación. 

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Cabina de los Estudios Roma, lugar en el que Bvocal graba sus discos

Eva Amaral grabó varias de sus canciones en un local de la calle San Vicente de Paúl, el extinto Estudio Central. El grupo Bvocal continúa grabando sus discos en el número 23 de un pasaje comercial cercano a la Plaza Roma, en los Estudios Roma. Y los raperos Rapsusklei y Sho Hai han visitado varias veces el local de Producciones Sin Con Pasiones, en el Actur, para grabar algunos de sus temas.

Escondidos en bajos y en pasajes comerciales, y camuflados mediante fachadas sin rótulos comerciales, en Zaragoza existen actualmente una decena de estudios de grabación profesionales. Pequeños Abbey Roads por los que han pasado artistas como Joaquín Sabina, Labordeta o varios componentes de Héroes del Silencio, y que, a pesar de estar escondidos, no han escapado de la crisis que sufre el sector de la música.

Sin conciertos no hay discos

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Sala técnica de Producciones Sin Con Pasiones, en el Actur

En la mayor parte de los estudios zaragozanos se repite una misma situación contradictoria: el número de discos producidos al cabo del año se mantiene, pero los beneficios disminuyen. ¿A qué se debe? Básicamente a la reducción del presupuesto que cada grupo está dispuesto a gastarse en su proyecto: “Ha cambiado el tipo de producción –señala Marc Pascual, técnico de sonido de Producciones Sin Con Pasiones–: antes, los grupos que venían grababan doce temas y estaban con ese disco meses; ahora, vienen para grabar singles de dos o tres canciones”.

David Marco, socio fundador de Luna Nueva, comparte el mismo punto de vista que Marc Pascual: “Si antes los grupos se gastaban entre 3.000 y 4.000 euros; ahora, esa cifra se sitúa en los 1.500”. Y ambos apuntan a la misma causa para explicar esa reducción en los presupuestos de los grupos: la escasez de conciertos pagados. “Los grupos pequeños conseguían algo de dinero participando en conciertos pagados y vendiendo allí sus discos. Ahora, prácticamente no hay conciertos, y en los pocos que hay no se paga nada a los músicos, por lo que, por un lado, los grupos no pueden vender sus discos, y por otro, no cobran nada”, explica el socio de Luna Nueva. “Es una pescadilla que se muerde la cola –señala el técnico de Sin Con Pasiones–: si no hay conciertos, no hay dinero, y si no hay dinero, no hay grabaciones”.

Nueva solución: Crowdfunding

Juan Campayo, de 20 años, bajista de Salduie, un grupo de folkmetal surgido en Zaragoza hace tres años, confirma esa reducción en el número de conciertos pagados: “De vez en cuando, alguna sala te cede el 20% de la caja, pero, en la mayoría de los casos, tocas gratis”. Gracias al dinero conseguido tras tres años dando conciertos, el grupo Salduie pudo grabar el mes pasado su primer single, La Senda del Cierzo, compuesto por cuatro canciones.

Otro grupo afectado por los conciertos no pagados es El Vicio del Duende, una formación de rock nacida hace diez años en Zaragoza. Su guitarrista solista, Daniel San Emeterio, de 26 años, señala que, en ocasiones, a las bandas les toca poner dinero de su bolsillo: “no te pagan y, encima, tienes que hacer frente a la gasolina, la comida o las estancias”. Viendo que el dinero conseguido mediante conciertos no era suficiente para sacar adelante un nuevo disco, los cuatro integrantes de El Vicio del Duende decidieron probar suerte con una nueva vía de financiación: el crowdfunding. En un mes –entre julio y agosto de este año–, El Vicio del Duende consiguió más de 3.000 euros. Una cantidad que, sumada a los 2.000 euros ahorrados tras años de conciertos, permitió a este grupo grabar su cuarto disco –Alarmas– en el Estudio Sonido XXI de Pamplona, el mismo estudio en el que graban La Fuga, Marea o Tierra Santa.

La codicia rompió el saco

No solo las fuentes de financiación cambian. También lo hacen los soportes en los que se vende la música y la forma en la que esta se graba: de los CDs hemos pasado a los servidores virtuales como iTunes o Spotify; y de los grandes estudios se ha pasado a los pequeños dispositivos de grabación –si bien estos no ofrecen todavía la calidad de un estudio–.

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Estudio del Laboratorio Audiovisual de Zaragoza

Marc Pascual, técnico de Producciones Sin Con Pasiones, achaca los desastrosos números de las ventas de CDs –en una década, han descendido un 71,5%– a la codicia de los sellos discográficos y al surgimiento de internet: “vender un CD a 20 euros siendo que te había costado un euro y medio producirlo era una auténtica salvajada. Ellos mismos reventaron un mercado que ahora podría ser próspero”, señala el técnico. En vista de los malos datos, muchos grupos se están planteando subir sus temas directamente a internet y no editar copias físicas: “lo próximo que hagamos va directo a internet; sin managers, discográficas o intermediarios…”, afirma el guitarrista solista de El Vicio del Duende.

Grábalo con tu iPad

También ha aumentado el número de grupos que no pasan por los estudios y se graban a sí mismos en sus casas. “El cantante de Blur, por ejemplo, grabó su último disco con un iPad”, señala Nacho Celaya, batería de Mister Hyde, formación de pop rock que, en 2007, recibió el premio al “grupo con mayor proyección” en la novena edición de los Premios de la Música Aragonesa, y, en 2009, el premio al “mejor EP”. Nacho Celaya asegura que “los grandes estudios están en proceso de desaparecer” y afirma que, con dispositivos asequibles y la mano de un buen técnico, se pueden conseguir resultados decentes.

Aun así, la mayor parte de los grupos asumen que, si quieren una calidad de sonido excelente, tienen que pasar por un estudio. “Para un grupo pequeño, grabar en un estudio resulta caro, pero es un gasto totalmente justificado: estás pagando por una calidad de audio excelente, por un experto que te supervisa y por unos equipos que cuestan millonadas”, afirma Jorge Royo, de 19 años, cantante del grupo zaragozano 40 grados.

Un micrófono, 4.000 euros

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Producciones Sin Con Pasiones

“Un dispositivo para que suene un arreglo cuesta 12.000; un micrófono, 4.000. Y a eso súmale el diseño de las habitaciones, los materiales aislantes y la presión de tener que estar continuamente renovándote”, explica David Marco, socio fundador del Estudio Luna Nueva –35 euros por hora de grabación–. “Aparte, hay que tener en cuenta que la manipulación del sonido es un arte que requiere años y años de formación. Y eso debe pagarse”, afirma Marc Pascual, técnico de sonido en Sin Con Pasiones –25 euros la hora–.

Si no pueden asumir los precios de los estudios privados, los grupos pequeños tiene otra alternativa: las salas de grabación financiadas con dinero público. En Zaragoza hay dos: el estudio de El Túnel, en el barrio Oliver, y el Laboratorio Audiovisual, ubicado dentro del Centro de Historias. En el primero, la hora de grabación cuesta 20 euros y, en el segundo, la grabación y la postproducción es gratuita y los grupos solo tienen que pagar una determinada cantidad de dinero en función de los CDs que encarguen –a cambio, el Ayuntamiento se convierte en propietario de la grabación–.

Competencia desleal

El Laboratorio Audiovisual de Zaragoza se fundó en 1988 y, en un principio, estaba situado en el Centro Cívico Delicias. En 2008, terminada la restauración del convento de San Agustín, el laboratorio se trasladó a las modernas salas del Centro de Historias. Para conseguir grabar sus discos de forma gratuita, los grupos deben presentar un proyecto en el Ayuntamiento. Un proyecto que es valorado por miembros del Laboratorio y el área de Cultura del Consistorio. “Los criterios de selección no son estéticos, sino técnicos, es decir, lo que cuenta a la hora de decantarnos por uno u otro proyecto no es el estilo musical, sino la viabilidad del proyecto”, explica Daniel Ríos, jefe de departamento del Laboratorio Audiovisual. No obstante, varias fuentes consultadas señalan que los criterios empleados para esa selección son muy ambiguos y dejan bastante libertad al Ayuntamiento para decidir qué se graba y qué no.

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Sala de grabación del Laboratorio Audiovisual de Zaragoza

En 2013, el Laboratorio Audiovisual recibió 20.000 euros del Consistorio de Zaragoza para la reposición de equipos, un 20% menos que el año anterior. Una cantidad que, según varios trabajadores de estudios privados, se emplearía mejor si ese dinero se entregase directamente a los músicos. “El laboratorio audiovisual ejerce una auténtica competencia desleal financiada con dinero público”, asegura una de las fuentes consultadas. Frente a estas críticas, Daniel Ríos responde que, cuando se crearon los primeros estudios privados en Zaragoza, el laboratorio ya existía, y señala que el único objetivo de este servicio es “hacer realidad proyectos que, de otra forma, no verían la luz”.

Corita Viamonte: “Media Zaragoza tiene mis violetas”

IGNACIO PÉREZ IBÁÑEZ

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Además de subirse a los escenarios, Corita Viamonte (Zaragoza, 1949) es funcionaria del Ayuntamiento desde 1982 y colabora con el Centro Municipal de Protección Animal

A los doce años de edad, en enero del 62, Corita Viamonte vio a una anciana Raquel Meller en televisión y, desde ese momento, quiso dedicarse al mundo del cuplé, al mundo de las canciones pícaras y románticas de los cafés cantantes. Nada hacía intuir a esa joven estudiante de piano que la decisión tomada la llevaría a actuar en teatros de la Unión Soviética, Japón o Nueva York, o que llegaría a conseguir la Medalla de Plata de la Ciudad de Zaragoza. En la actualidad, Corita Viamonte, de 64 años, observa cómo el género al que ha dedicado toda una vida muere. Aun así, no se resigna y, siempre que puede, se sube a un escenario. ¿La próxima cita? El próximo 3 de enero, en un concierto dedicado a su amiga Cecilia Giménez, la creadora del Ecce Homo de Borja.

Parece ser que lo de ser artista lo llevaba en la sangre, ¿no?

La verdad es que sí. Tanto mis tatarabuelos como mis bisabuelos, abuelos y padres se dedicaron al mundillo del teatro y la música. Y yo no podía decepcionarles. Una vez, durante una actuación de mis padres en el Salón Fuenclara de Zaragoza, salí a gatas al escenario. Luego, con tres años, debuté en el Teatro Principal cantando La tabernera del puerto. Me acuerdo perfectamente: mi madre me acompañaba al piano y yo llevada un vestidito blanco con calcetines de crochet y zapatos de charol.

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Corita Viamonte tocando la batería

En algunas de sus biografías, aparece que usted fue, durante algún tiempo, “la única mujer batería de Europa”, ¿cómo se pasa de cantar zarzuelas a los tres años a tocar la batería?

El dato de que, durante algún tiempo, fui la única mujer batería de Europa lo halló el periodista Alfonso Zapater, del diario Amanecer. Yo empecé a tocar el piano, y a los trece años, terminé mis estudios de ese instrumento. Entonces, mi madre me propuso formar una orquesta, pero yo veía ilógico que una misma formación tuviese dos pianistas, así que decidí aprender a tocar batería. A los 16 años me examiné de ese instrumento y aprobé.

Y a los 20, en el 69, fundó el grupo de majorettes de Zaragoza…

Así es. En el Ayuntamiento estaban hartos de traer a francesas que solo sabían dar vueltas a un palito, así que cortaron por lo sano y formaron un grupo propia. La compañía desapareció en el 96, pero, ahora, las antiguas majorettes vuelven a reunirse. Están espléndidas.

¿Y el cuplé, cuándo se cruzó en su vida?

En enero del 62, cuando vi a Raquel Meller en el programa de televisión Amigos de los lunes. Estaba muy desmejorada y mi madre me dijo que la viese por último vez porque, igual, ya no volvía a hacerlo –efectivamente, a los pocos meses murió–. Entonces, me volví hacia mi madre y le dije: “a partir de ahora quiero cantar La violetera”. Y así fue: ahora media Zaragoza tiene una de mis violetas.

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Corita Viamonte a la cabeza del grupo de vedettes de Zaragoza

Ha cantado y grabado sus cuplés, le ha dedicado espectáculos, le ha montado homenajes… ¿Por qué Raquel Meller? 

Porque para mí supone todo: me veo reflejada en ella. Siempre he dicho que, cuando actúo, tengo a mi madre a la derecha y a Raquel Meller a la izquierda.

¿Cómo llega Corita Viamonte, de 23 años, a actuar en la URSS?

La orquesta Maravella y yo estábamos en Caspe, un empresario nos escuchó y nos propuso hacer una gira por la Unión Soviética en el 72. Fui la segunda cantante española, después de Sara Montiel, en actuar en ese país.

¿Y tuvo éxito?

Bastante. Es más, me propusieron hacer una segunda gira en el 73 y, un día, en un teatro de Moscú, entraron varios señores muy encopetados a mi camerino y me entregaron la Medalla a la mejor cantante extranjera en Rusia. Así, de repente.

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Cartel de una de las giras de Corita Viamonte por la URSS

Una cantante de la España de Franco actuando en la URSS…

Así es. A uno de los teatros rusos en los que actué vino Dolores Ibárruri, La Pasionaria. Cuando llegué a España, mucha gente empezó a decir que era comunista. A mí me dio igual, siempre he sido de los que piensan que, ante todo, somos artistas, y un artista tiene que hacer lo que le manden, con independencia de los ideales que tenga su público.

Y luego Holanda, Japón, Estados Unidos…

En Holanda actué en el 92, en un congreso dedicado al cuplé. Representaba a España y he de decir que el cuplé español era el mejor. En Japón estuve solo tres horas: salir del avión, actuar en Aimori y subirme otra vez en el avión. Y, en Nueva York, actué en el Lincoln Center.

¿De qué galardón se siente más orgullosa?

Pues, obviamente, de todos los que me ha otorgado mi ciudad: tanto la Medalla de Plata de Zaragoza, en 2007, como la Medalla de Honor de los Sitios, en 2012.

¿Conoció la época dorada de El Plata y el Salón Oasis, no?

Por supuesto. Para empezar, no solo la conocí, sino que me crié en ella: mi madre trabajó de pianista en El Plata durante quince años y yo crecí en sus camerinos. Luego sí que me subí a sus escenarios y canté y baile. Todo era muy estilo belle époque.

¿También actúo como vedette?

No nunca. Las admiro mucho y me encanta verlas, pero no estaba hecha para ser vedette.

Y el futuro del cuplé… ¿cómo lo ve?

Lamentablemente, muy negro. Si esto continúa así, puede desaparecer. A las generaciones jóvenes no les interesa el cuplé, solo la música comercial americana.

Zaragoza, a ritmo de Bollywood

IGNACIO PÉREZ IBÁÑEZ

Melodías pegadizas, saris y mucho movimiento. Los bailes de las películas indias atraen cada día a más seguidores zaragozanos

“Con el cambio de estación llegan…. llegan las nubes para apagar la llama, la llama de mi amor”. Así comienza una de las canciones y coreografías más famosas de la película Devdas (2002) y del cine de Bollywood –la industria cinematográfica de la ciudad de Bombay–. En ella, Aishwarya Rai, megaestrella de ese cine, baila mientras protege una vela, símbolo de su amor, de una tormenta. A ella se suman otras veinte mujeres, todas enfundadas en preciosos saris y con el tradicional bindi –tercer ojo– en la frente. Parece que bailan danzas netamente hindúes, pero, en realidad, sus pasos son uno de los mejores ejemplos de la fusión entre la cultura occidental y la India: en ellos se mezclan funky, hip hop o chachachá con algún gesto y mirada de las danzas tradicionales indias. Es el estilo Bollywood, un baile que llegó a la capital de Aragón hace unos diez años y que, en la actualidad, está experimentando un notable aumento de seguidores.

Con diez años de retraso

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Sesión de Bollywood con Mayca Chinchilla

“A nivel nacional, las danzas de Bollywood comenzaron a despertar interés a principios de los noventa. En Zaragoza, sin embargo, ese interés surgió con diez años de retraso”, asegura María Pilar Calvo, profesora de este estilo en la academia Antonia Azahara. Esta joven de 32 años, aficionada a las tramas surrealistas de la mayoría de las películas indias, comenzó a recibir clases de Bollywood hace cuatro años, de la mano de Eva Sampredro, una de las primeras profesionales que introdujo este estilo en Zaragoza.

“Comencé a hacer exhibiciones y a enseñar coreografías en 2004, fui de las primeras”, asegura Sampedro, profesora de danzas orientales que, actualmente, da clases de Bollywood a unas veinte alumnas. Ambas profesionales señalan que, en estos últimos años, la demanda de clases de este estilo ha aumentado considerablemente, “quizá por películas como La boda del Monzón o Slumdog Millonaire”, apunta Eva Sampedro. Otra profesora, Mayca Chinchilla, de 32 años, también confirma lo anterior: “llevo dando clases desde hace cinco años y en estos dos últimos se ha producido un auténtico boom”, asegura esta joven que comenzó bailando flamenco y terminó especializándose  en danzas orientales.

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Mudra Alapadma
Fotógrafo: Dmitry Rukhlenko

Mudras y hip hop

En las coreografías de Bollywood cabe de todo: funky, dance pop, hip hop, merengue, chachachá, tango… Pero casi todas poseen algún rasgo característico de las ocho ramas de la danza tradicional hindú que existen. ¿Cuáles son los más usuales? En primer lugar, los mudras, los gestos que los bailarines realizan con las manos. En las danzas tradicionales, cada mudra posee un significado: uno de los más usuales, el alapadma –palma de la mano abierta con los dedos estirados– puede asociarse con una flor de loto o con la separación del amado, y el Katakamucka –similar a la posición de los dedos cuando se va a pellizcar algo– puede relacionarse con la acción de cortar una flor o el habla. “La gente era analfabeta, así que, para difundir los grandes poemas épicos entre el pueblo, se recurría a la danza”, explica María Pilar Calvo. En la actualidad, los bailes de Bollywood no poseen ningún tipo de función narrativa: “son puro show, puro espectáculo”, apunta Eva Sampedro, de 35 años.

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Grupo de Bollywood de la profesora Eva Sampedro

A los mudras se suman las posturas angulosas que caracterizan a las danzas tradicionales: “el ballet europeo, por ejemplo, tiende a la línea recta, a las figuras estilizadas, a las formas estiradas; las danzas indias, a los movimientos sinuosos, curvos, redondos; y, desde mi punto de vista, las danzas de Bollywood podrían asociarse con un triángulo, siempre asimétricas”, explica María Pilar Calvo, profesora que, en los últimos años, ha dado clases a grupos de 25 personas en distintos centros cívicos.

Danza viva y alegre

Mayca Chinchilla destaca, sobre todo, un aspecto positivo de la mezcla de estilos que conforma Bollywood: “las danzas tradicionales indias son muy difíciles de ejecutar. Al mezclarlas con otros estilos, el nivel resulta más asequible, la gente se siente más libre y se lo pasa mejor”. Algo que se confirma al preguntar a los alumnos: Beatriz Ortega, de 21 años, lleva unos meses asistiendo a clases de Bollywood y asegura que sale de las sesiones de Bollywood “con otro humor”. Esta alumna, aficionada a la cultura india, decidió apuntarse a clases de este estilo para poner en práctica lo que veía en las películas. Cristina Ariso, de 32 años –cinco practicando danzas de bollywood– llega a la misma conclusión que la anterior alumna: “es una danza movida, positiva, y eso hace que salgas más alegre de clase”, reconoce.

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Sesión de Bollywood de la profesora María Pilar Calvo

Un baile positivo en el que el público masculino escasea. Y no porque este estilo esté vedado únicamente a las mujeres: “en los bailes de Bollywood hay igual número de hombres que mujeres. Es más, uno de los requisitos para ser un galán del cine en la India es desenvolverte bien con este tipo de bailes”, asegura María Pilar Calvo. Ramón Chinchilla, de 32 años, hermano de Mayca, lleva seis años practicando danza del vientre y cinco asistiendo a ensayos de Bollywood. Asegura que, si esa desproporción entre hombres y mujeres se percibe a nivel nacional, en Zaragoza, se acrecienta.

Aragón, protagonista de webseries

De los Monegros a los pueblos abandonados del Pirineo. Varios directores de webseries eligen la Comunidad aragonesa para grabar en ella sus proyectos.

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Protagonistas de la webserie “Libres”, del director zaragozano Álex Rodrigo.

En enero de 2004, Orlando Bloom se enteró en Loarre de que era un hijo ilegítimo de un poderoso caballero del Reino de Jerusalén y que debía ir a Tierra Santa para defender sus tierras. En noviembre de 2005, en el refectorio del Monasterio de Veruela, Javier Bardem, interpretando a Goya, vio cómo la Santa Inquisición juzgaba sus grabados. Y, en marzo de 2003, los viandantes del Paseo Independencia de Zaragoza se vieron sorprendidos por una oleada de zombis. La primera escena corresponde a El reino de los cielos, de Ridley Scott; la segunda, a Los fantasmas de Goya, del checo Milos Forman; y la tercera a Una de zombis, de Miguel Ángel Lamata. Tres largometrajes que escogieron Aragón como fondo de sus historias. No obstante, las grandes producciones no han sido las únicas en explotar el potencial cinematográfico de nuestra Comunidad: desde hace algunos años, varios directores de webseries –producciones cuyos capítulos, en vez de emitirse por televisión, se suben a YouTube o a otras plataformas– han situado sus tramas en pueblos abandonados del Pirineo oscense o en la parte aragonesa de las Bardenas Reales.

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Imagen del rodaje de “Tierra Seca”, realizado a mediados de septiembre.

Es el caso de la webserie Tierra Seca, de David Yáñez, director cacereño afincado en Zaragoza. Una producción que narra la vida de diez supervivientes de la Tercera Guerra Mundial en un planeta totalmente arrasado y contaminado por la radiación: unos se dedican al esclavismo, mientras que otros se limitan a buscar algo de comida y agua entre los escombros. De momento, Yáñez solo ha grabado uno de los 13 capítulos que compondrán la primera temporada; y, para evocar esa imagen desértica y de destrucción, escogió como lugar de rodaje la parte oscense de las Bardenas Reales y dos pueblos: Villanueva del Jalón, un municipio totalmente abandonado, y Aluenda. “Grabamos entre mediados y finales de septiembre –cuenta el director de la webserie, de 31 años–, y, para conseguir los diez minutos del capítulo, estuvimos cinco días”. Pero el trabajo no termina con la grabación: para potenciar la sensación de destrucción, el equipo de Tierra Seca ha construido varias maquetas de grandes edificios en ruinas que, luego, insertarán con croma en las escenas.

Personaje Tierra Seca

Ilustración de uno de los personajes de “Tierra Seca”.

Al contrario que muchas películas post-apocalípticas centradas solo en la acción y la violencia, el mundo creado por David Yáñez posee un trasfondo crítico: “son los dirigentes de los países los que han acabado con sus propias poblaciones; en los capítulos, nadie sabe lo que sucede debido a que los Gobiernos han secuestrado a todos los periodistas; y casi todos los personajes elegidos, antes de la hecatombe nuclear, desempeñaban oficios que ahora no les sirven para nada, por ejemplo, el protagonista del capítulo que hemos rodado era técnico de máquinas de fotocopias”, explica el director.

En total, el rodaje del primer capítulo costó 8.000 euros y nadie cobró nada –ni actores ni técnicos–. “Una mitad de lo que ha costado el capítulo procede de una subvención para cortos otorgada por la DGA y la otra directamente de mi bolsillo”, señala David Yáñez. El objetivo a largo plazo de Tierra Seca es que algún portal de series pague por ella. Por el momento, el equipo de esta webserie iniciará en breve una campaña de crowdfunding.

Álex Rodrigo, director zaragozano de 25 años afincado en Madrid, siempre quiso escapar del sistema y empezar de cero en una casa abandonada de un pueblo. Nunca lo hizo, pero a partir de esa “espinita clavada” ideó una webserie a la que no le va nada mal: premio a la mejor webserie dramática y dirección en el Festival de Cinema de Girona, selección en el Festival Raindance de Londres y el Festival de Cine de Napolés, y, en cinco meses, 200.000 reproducciones en su canal de YouTube. Su nombre es Libres y cuenta la historia de siete jóvenes, la mayoría rayando la treintena, que deciden escapar de la ciudad y emprender una nueva vida en una casa abandonada de un pueblo. Pero no todo es tan idílico como suena: pronto surgirán los primeros enfrentamientos entre ellos, los primeros conflictos con los vecinos del pueblo y los primeros roces por cuestiones amorosas.  Al igual que en Tierra Seca, detrás de la historia hay un mensaje: “el escapar del sistema, el demostrar que las cosas se pueden hacer de otra forma”, explica su director.

Los diez capítulos que componen la primera y única temporada de la webserie fueron grabados entre agosto y octubre de 2012: “tres semanas en Yeste y Anzánigo, pueblos de Huesca –el primero con un habitante y el segundo con quince–, y las otras tres en Madrid y su sierra”, cuenta Álex Rodrigo.

En total, el rodaje costó 8.000 euros y, al igual que en la webserie de David Yáñez, nadie cobró. “En el año en el que pusimos en marcha el proyecto quitaron las ayudas del Instituto de Cinematografía y Artes Audiovisuales y las de la Diputación Provincial de Zaragoza, así que tuvimos que buscarnos la vida”, explica el director. La opción elegida fue el crowdfunding: “un fin de semana subimos al Pirineo, grabamos un tráiler decente y, 60 días después de haberlo colgado, teníamos 5.500 euros y un público expectante”.

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Imagen de la webserie “Cañas”.

Un bar, una mesa y una caña también pueden ser el marco perfecto para una webserie. Prueba de ello es Cañas, del director y ex-alumno de la Escuela Municipal de Teatro, Guilherme Oliveira. Cada uno de los ocho capítulos que componen la primera temporada presenta una historia radicalmente distinta a la anterior –una ruptura amorosa, un diálogo con doble sentido, la escenificación de un rodaje–, y lo único que ensambla la serie es que todas las escenas transcurren alrededor de una caña y que los protagonistas son también actores. Para crearla, Guilherme Oliveira, de 24 años, se inspiró en Coffe and cigarettes, de Jim Jarmusch, una película compuesta por once historias que siempre suceden alrededor de un café: “En nuestro caso, al grabarla en verano pensamos en una bebida más acorde con esa estación y, como no podía ser de otra forma, salió la caña”, cuenta Guilherme Oliveira, de 24 años.

Los capítulos se rodaron el pasado mes de julio y, a diferencia de las anteriores webseries, el coste de producción fue cero: “todos los actores eran amigos que se ofrecieron a hacerlo, el material nos lo prestaron y en los bares no tuvimos que pagar nada”, señala Oliveira. En estos momentos, el equipo está buscando posibles patrocinadores en el sector de la cerveza y se plantea poner en marcha una campaña de crowdfunding. No obstante, Alba, actriz participante en Cañas señala que, en estos proyectos, lo más valioso es la experiencia que consigues: “hay que crear. Es la única manera de aprender. Si no comienzas por algo, nunca podrás hacer nada brillante”.

Redactor: Ignacio Pérez Ibáñez

Teatro alternativo y danzas orientales para apoyar al niño saharaui Kamal y a una escuela de Kenia

Más de 150 personas y 60 artistas celebran una fiesta solidaria para ayudar a un niño con una malformación congénita e impulsar un centro educativo

solidariUna mujer a punto de suicidarse porque su vida es demasiado perfecta, dos hombres que discuten en un cuarto de baño por saber quién hace la mejor bechamel y, entre medio, vestidos y coreografías sacados de películas indias. ¿Qué tienen en común estas escenas? Nada, pero el pasado sábado las tres respondieron a un único fin: recaudar dinero para Kamal, un niño de dos años del Sáhara Occidental que sufre la enfermedad de los pies zambos, y para la escuela Bella de Kenia, un centro educativo en un barrio de chabolas de Nairobi.

Más de 150 personas asistieron a la fiesta solidaria organizada por la asociación Marhaba y varias cooperantes españolas en el local de ensayo del grupo de batucada Samba da Praça –una nave industrial en el polígono Cogullada–. Una fiesta que, como reconoce Begoña Cuartero, de Marhaba –asociación organizadora de viajes sostenibles a Marruecos–, “no hubiera sido posible sin los 60 artistas que se han ofrecido a participar”. A partir de las ocho de la tarde, diez grupos de teatro, danza oriental, música árabe y batukada desfilaron por el escenario y la pista central de la nave por una buena causa.

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Actuación del grupo de danza de bollywood Orient Express

Delia Sánchez, de 37 años, componente del grupo de bailes orientales Aswan, fue una de las artistas que participaron. A pesar de encontrarse en un avanzado estado de gestación, Sánchez ejecutó junto con su compañera Mayka Chinchilla varias danzas clásicas egipcias y otras mucho más movidas procedentes de las tribus del norte de África. “Nos contaron la iniciativa y, sin dudarlo, nos apuntamos. Aparte, sabemos que Marhaba es una asociación fiable”, señaló esta bailarina que lleva diez años estudiando y poniendo en práctica varios estilos de danza árabe e hindú.

Los guiños a la cultura árabe no se limitaron a las demostraciones de baile ya que, a lo largo del evento, el grupo de música Sarabesque interpretó varias obras en las que se mezcló música marroquí con jazz y música africana con ritmos de batucada. Moustapha Ghouzal (violín), integrante del grupo junto con Karim el Habib (percusión), señaló que conocen el trabajo que está llevando a cabo Marhaba en Marruecos y que, siempre que puedan, ayudarán a la asociación.

De los diez grupos invitados, cuatro eran de teatro. Arte a trozos, formado por nueve mujeres aficionadas al teatro –la mayor parte de ellas profesoras–, fue uno de ellos. Esta compañía amateur representó varias escenas de corta duración en las que se recrearon situaciones absurdas, como la de la mujer que se quiere suicidar, e historias con un trasfondo de denuncia social. Miriam García, de 31 años, integrante de la compañía, señaló que participan en el evento porque una de sus organizadores es, a la vez, actriz del grupo; “no obstante, si no se hubiera dado esa circunstancia, habríamos venido sin dudarlo”, aseguró.

Monólogo

Monólogos de AlienContraTeatro

Otro grupo de teatro –esta vez profesional– que se sumó al evento fue el dúo formado por Javier Zapater y Óscar Castro, ambos ex-alumnos de la Escuela Municipal de Teatro de Zaragoza. El grupo –todavía sin nombre– llevó a cabo parte de un espectáculo que cada viernes y sábado representan en la sala El Extintor (calle Las Armas, número 20). A partir de las palabras escritas por el público en unos papeles, estos dos jóvenes actores improvisaron varias escenas absurdas como, por ejemplo, la de los dos hombres discutiendo en el baño por la salsa bechamel.  “Una de las organizadoras fue alumna de los cursos de teatro de la sala El Extintor y nos propuso venir –relató Javier Zapater–. Al momento le dijimos que sí”.

Entre el público pudieron verse tanto niños de siete años como mayores de sesenta; no obstante, la media de edad se situó entre los veinte y los treinta. Ángel Estébez, de 61 años, fue uno de los asistentes al evento y aseguró que “hacen falta más actos para demostrar el potencial artístico de la juventud y, de paso, ayudar a los más necesitados”. Con el dinero recaudado –la entrada al evento costaba cuatro euros– se pagará el sueldo anual de los profesores de la escuela Bella de Nairobi y se costeará la rehabilitación por la que tendrá que pasar Kamal tras sus dos operaciones.

Redactor: Ignacio Pérez Ibáñez