El número de estudiantes de fabla aragonesa aumentó un 20% en 2013

En total, 405 personas asistieron a clases de aragonés en nuestra comunidad durante el curso 2012-2013. Una cifra que, el año académico anterior, se situó en 338 alumnos. A día de hoy, 327 personas cursan estudios de esta lengua en Aragón. 

I. P. I.

El mismo año en que el Gobierno de Aragón decidió bautizar oficialmente al aragonés con el nombre de LAPAPYP, el número de personas apuntadas en cursos de fabla en nuestra comunidad aumentó un 20%. Según el registro que anualmente lleva a cabo la asociación Ligallo de Fablans de Zaragoza, entre septiembre de 2012 y septiembre de 2013, 405 personas asistieron a alguno de los 24 cursos de fabla que se realizaron en distintas localidades aragonesas. 67 alumnos más que los registrados en el curso 2011-2012.

Los últimos datos de ese registro señalan que, a día de hoy, en Aragón hay 327 alumnos matriculados en cursos de aragonés. “Una cifra muy positiva, pero no definitiva, ya que tenemos que ver qué pasa con los cursillos de verano”, explica Chesús Almudévar, uno de los responsables del registro. De las 16 localidades aragonesas en las que podemos encontrar cursos de fabla, Zaragoza es la que aglutina a un mayor número de estudiantes –149–. Le siguen Ejea de los Caballeros, con 22 alumnos; Calatayud, con 15; Barbastro y Sabiñánigo, con 14; y Canfranc, con 13.

Graduación

Fiesta de graduación el año pasado en la asociación cultural Nogará-Religada

Los colectivos pequeños, factor clave

La asociación cultural Nogará-Religada es el colectivo que actualmente cuenta con un mayor número de alumnos de fabla tanto en Zaragoza como en todo Aragón: en total, 62 alumnos, distribuidos en cinco clases de niveles distintos. Cherardo Callejón, profesor de aragonés en esta asociación, asegura que, con respecto al curso pasado 2012-2013, el número de matriculaciones ha aumentado: “tenemos nueve nuevos alumnos”. Y afirma que el aumento del 20% en el número de alumnos se debe a los múltiples cursos que están desarrollando asociaciones pequeñas y profesores independientes por todo Aragón: “hasta hace poco, solo tres asociaciones grandes daban cursos de fabla; ahora, la oferta se ha atomizado mucho”, explica Cherardo Callejón.

Según Javier López, profesor de aragonés en la misma asociación, la mayor parte de los alumnos que acuden a las clases tienen entre 20 y 30 años. “Unos vienen por cuestiones nacionalistas; otros porque quieren ayudar a conservar esta lengua; y la mayoría por simple inquietud cultural, porque quieren conocer algo más de la historia y del patrimonio aragonés”, afirma este profesor.

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La asociación cultural O Trango, fundada en 2009 por varios estudiantes de Filología de la Universidad de Zaragoza, es un buen ejemplo de colectivo pequeño que organizan cursos de aragonés. En la actualidad, esta asociación está formada por seis filólogos que imparten dos clases de aragonés a la semana en el Centro Cívico Universidad de Zaragoza. 23 personas asisten a estos dos cursos. Una cifra mayor que la registrada hace un año –14 alumnos–.

“No hemos vuelto a superar la marca que conseguimos en el curso 2009-2010 (40 alumnos), pero nos conformamos con el hecho de que, año a año, la cifra de alumnos aumenta. Podría hablarse de un mayor interés por el aragonés”, afirma Marco Antonio Joven, profesor de fabla en O Trango.

Clase O trango

Clase de aragonés en el Consello d’a Fabla, en Huesca

Los veteranos discrepan

No obstante, no todos los colectivos comparten el punto de vista optimista de O Trango o Nogará. Chan Baos, presidente de Ligallo de Fablans, una de las primeras asociaciones que ofrecieron cursos de aragonés en Zaragoza, afirma que las cifras actuales no se pueden comparar con las de hace treinta años: “mientras que a finales de los 80 podías tener tranquilamente 100 alumnos; ahora, llegar a los 20 es todo un logro”. Chan Baos no achaca este descenso a un menor interés por el aragonés, sino a la decadencia de los movimientos asociativos: “a día de hoy, apuntarse a una asociación de cultura aragonesa y aprender fabla no tiene ningún beneficio más allá del cultural. Y ese incentivo, en época de crisis, no se tiene en cuenta”, asegura el presidente de Ligallo de Fablans. 

El mismo diagnóstico pesimista realiza Chusé Ignacio Navarro, presidente del Consello d’a Fabla Aragonesa, la primera asociación en defensa de la lengua aragonesa que surgió en nuestra comunidad –más exactamente, en Huesca, en 1978–. Al igual que el presidente de Fablans, Chusé Ignacio Navarro asegura que hay una gran diferencia entre los años 80 y el presente: “en el 89, por ejemplo,  llegamos a tener 60 alumnos; ahora, solo damos clase a 12”.

Nunca han existidoFabla

Donde no hay ningún tipo de discrepancia entre asociaciones es en el ámbito de las ayudas públicas para el fomento del aragonés. “Sencillamente no existen. Nunca ha habido una subvención económica destinada exclusivamente a colectivos que enseñan fabla y realizan actividades en aragonés. Las pocas ayudas que hemos conseguido nos las han dado por el simple hecho de ser una asociación”, asegura Marco Antonio Joven, profesor de O Trango. “Además, la única institución a la que actualmente te puedes dirigir en aragonés es El Justicia. En las demás, directamente se te ríen. Es bastante deprimente”, se lamenta Cherardo Callejón, miembro de Nogará-Religada.

 

Star Trek y Docto Who, protagonistas del primer encuentro de ciencia ficción de Zaragoza

La exhibición de objetos de coleccionista, la proyección de capítulos y las charlas atrajeron a más de 70 personas 

IGNACIO PÉREZ IBÁÑEZ

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Jóvenes disfrazadas de la nave TARDIS

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Bizcocho con los personajes de Doctor Who

Chaquetillas y faldas color azul marino, boinas con la forma del techo de una cabina telefónica inglesa y, alrededor de la cintura, una banda en la que se puede leer Police Phone Call Box. Ese fue el conjunto elegido por Ana Villanueva e Irene Gracia para participar el pasado sábado en las actividades del primer encuentro de fans de la ciencia ficción de Zaragoza. Un disfraz que, probablemente, solo los aficionados a la serie inglesa Doctor Who reconozcan: iban vestidas de TARDIS, la nave con forma de cabina telefónica que el protagonista de la serie, apodado “el doctor”, emplea para viajar por el espacio y el tiempo.

Entre el jueves y el sábado de la semana pasada, unas 75 personas, según la organización del evento, participaron en el primer encuentro de aficionados a la ciencia ficción de Zaragoza. Las jornadas tuvieron lugar en el Centro Joaquín Roncal y giraron en torno a dos series: Doctor Who, que el pasado 23 de noviembre cumplió 50 años, y Star Trek: Espacio Profundo 9, una continuación de la serie original, pero con distintos personajes, estrenada hace veinte años.  

Una carencia en el espacio

“En Zaragoza no había ningún evento dedicado a la ciencia ficción, así que decidimos poner en marcha uno”, explicó José Ramón Marco, uno de sus organizadores–. Con él, buscamos que la gente aficionada a la ciencia ficción conozca a otras personas con sus mismo intereses y, a la vez, intentamos acercar estas series a las personas que nunca las han visto”.

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En primer plano, diorama de Star Trek en la sala de exposición

José Ramón Marco, de 29 años, empezó a ver los capítulos originales de Star Trek en 2009, y en nueve meses, se terminó las cinco series que componen esta saga: “unos 780 episodios; algo más de un capítulo por día”, aseguró. Este fanático de los viajes espaciales y las flotas estelares forma parte de un grupo de aficionados aragoneses incluido dentro del Club Star Trek de España. En la actualidad, este grupo está compuesto por ocho personas, con edades comprendidas entre los 23 y los 60 años. Ocho socios que se han encargado de organizar la exposición, las proyecciones de capítulos, las charlas y los talleres del encuentro sin ningún tipo de ayuda económica.

El doble discurso de Spock

Según José Ramón Marco, la mayor parte de las personas que han asistido a las jornadas tienen entre 30 y 40 años. “No obstante, también se han podido ver mayores de 60 y niños”, puntualizó. Una prueba de que estas series pueden enganchar a personas de todas las edades, pero ¿dónde reside su atractivo? Para Enrique Lázaro, coleccionista de insignias, banderas, maquetas de naves espaciales y todo lo que tenga que ver con Star Trek, el poder de seducción de esta serie reside en que “se aleja de las típicas series de explosiones, centrándose más en la diplomacia intergaláctica, y en que muchos de sus capítulos contienen denuncias sociales camufladas”, aseguró mientras sostenía en sus manos una reproducción de un tribbel, un animal peludo que aparece en la serie.

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Vitrina de la exposición

Ese discurso velado también es percibido por José Ramón Marco: “el hecho de que las naves de una potencia galáctica exploren el espacio para conocer otros planetas y conseguir alianzas políticas puede relacionarse con el intervencionismo yanqui. Recordemos que Star Trek fue estrenada con la Guerra de Vietnam de fondo”, explicó el organizador. Para Manuel Navales, asistente a las jornadas, de 69 años, hay un ejemplo más claro: la denuncia de la segregación racial en Estados Unidos. “La serie original tenía entre sus personajes a una mujer negra controlando el puente de mando, la teniente Nyota Uhura. Esto, a finales de los años 60, era toda una provocación”, apuntó Manuel Navales. Su nieto, sin embargo, ve la serie por una razón más sencilla: “me gustaría mucho viajar por el espacio como hacen en Star Trek”, afirmó Luis, de diez años.

Gana Doctor Who

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Diorama de un capítulo de Star Trek: el Señor Spock entre en un portal interestelar para salvar a su amigo

Aunque le costó, la saga Star Trek acabó siendo un rotundo éxito en Estados Unidos y en otras partes del mundo, pero no en España: “los capítulos se emitían en canales autonómicos y en franjas horarias de madrugada. Poca gente lo veía”, aseguró José Ramón Marco. A Doctor Who, sin embargo, le fue mejor y, en la actualidad, con las nuevas temporadas de la BBC, está ganando cada día más adeptos. Ana Villanueva, la joven disfrazada de cabina de teléfono, es una de ellas. Esta aficionada de quince años comenzó a ver esta serie las navidades pasadas y, aunque el principio no entendía muchas escenas, ahora se declara “fan obsesionada”. ¿Qué hay detrás de esa obsesión? “Ante todo, que te identificas con los personajes que acompañan al Doctor Who, quieres ser uno de ellos y tus problemas, al lado de los suyos, parecen minúsculos”, afirmó.

Una veintena de artistas zaragozanos llevan lo grotesco a una antigua fábrica de chocolate

Redactor: Ignacio Pérez Ibáñez

Fotografías, instalaciones y performances muestran en unas Jornadas la corriente más vanguardista del arte que se produce en nuestra ciudad

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Instalación de Charo de la Vega.
Fotografía de Gema Moreno.

A principios del siglo XX, en los números cinco y siete de la calle Lourdes, en el barrio Jesús de Zaragoza, se fabricaban bombones, tabletas de chocolate y guirlaches consumidos por el mismísimo Alfonso XIII –Chocolates Zorraquino recibió el título de Proveedor Real en 1902–. Hoy, pasados más de 120 años, los almacenes y salas de mezclas de esta antigua fábrica funcionan como un centro artístico alternativo y, el pasado fin de semana, las paredes de azulejos y el suelo de cemento de uno de sus edificios acogieron una exposición, varias performances y un taller sobre la idea de lo bello y lo grotesco en el arte.

Muñecos infantiles colgados encima de una bañera; figuras de arcilla gris y materiales reciclados que evocan a los aliens de James Cameron; fotografías en las que aparecen un hombre con una minusvalía física y una mujer sin ningún tipo de discapacidad, desnudos, en actitudes cariñosas; un nido gigante… Esas fueron algunos de las obras expuestas el pasado fin de semana. Trabajos en los que cada uno de los nueve artistas plásticos invitados mostraron su visión de lo grotesco. Para Paloma Marina, de 38 años, organizadora del evento y autora de las fotografías en las que aparece la pareja desnuda, lo grotesco se relaciona con lo oculto, lo inválido, lo inútil, con aquello que no se atiene a las normas de la belleza burguesa. “Es una tierra límite que flanqueas”, señaló. Por eso, en la mayor parte de sus obras, trabaja con excluidos sociales, con personas que se mueven en ese límite. “Me identifico con ellos –afirmó la organizadora–. Yo también tengo algo de grotesca”.

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Fotografía de Paloma Marina.

Antonio Chipriana, de 45 años, performer y autor de varias instalaciones expuestas, aseguró que, para saber a qué nos referimos cuando empleamos la palabra grotesco, es necesario conocer el origen etimológico de esta palabra. Según Chipriana, el término proviene de la Edad Media y, en sus orígenes, se empleó para designar a un estilo de decoración encontrado en unas grutas de Roma –unas cuevas que, más tarde, fueron identificadas como las habitaciones y los pasillos del palacio de Nerón–. Este estilo se caracterizaba por llenar todo el espacio con elementos vegetales, cornucopias, seres mitológicos, seres deformes, escenas sexuales… Pronto, la palabra empleada para denominar a este tipo de decoración extravagante se extrapoló a todo lo vulgar, absurdo y deforme. “La decoración grotesca es un claro ejemplo de horror vacui, miedo al vacío”, afirmó Chipriana. Una obsesión por llenar el espacio que pudo percibirse en sus instalaciones, llenas de figuras, luces y elementos de juguete.

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Instalación de Antonio Chipriana.
Fotografía de Gema Moreno.

Otra artista que también expuso varias instalaciones fue Charo de la Varga, de 47 años, pero, en su caso, buscó lo grotesco en los conflictos internos que podemos padecer las personas. Por ejemplo, en uno de sus montajes, varios muñecos infantiles aparecían rodeados de cuerdas y suspendidos encima de una bañera. Según su autora, los muñecos evocaban la infancia, la inocencia, mientras que las cuerdas hacían referencia a la técnica de excitación sexual japonesa Shibari, consistente en atar cuerdas al cuerpo de la persona para que su roce en zonas erógenas y la sensación de verse dominada le produzca placer. “Es una confrontación entre lo infantil y lo erótico”, aseguró Charo de la Varga. En otra de sus instalaciones, varias calaveras y huesos aparecían cubiertos con ropa de bebé. Una nueva oposición: “por un lado, el ángel de la guardia y la maternidad; por el otro, la muerte”, explicó la artista.

No obstante, lo grotesco no solo es exclusivo de las artes plásticas. De viernes a domingo, en el espacio de la exposición se presentaron varios espectáculos de danza y performances. En la fiesta de inauguración del viernes noche –a la que asistieron unas 60 personas–, Gonzalo Catalina, profesor de danza butoh –danza contemporánea japonesa–, escenificó en el oscuro sótano del edificio el nacimiento de un polluelo a través de los movimientos lentos y las contorsiones del cuerpo que caracterizan a esta disciplina. “Movimientos oscuros, grotescos, salidos directamente del inconsciente”, apuntó Paloma Marina, intérprete de esta danza inspirada en las víctimas de Hiroshima y Nagasaki.

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Performance realizada por Huguette Sidoine, Gustavo Giménez y Rodrigo J. García.

Esa misma noche, los artistas Huguette Sidoine, Gustavo Giménez y Rodrigo J. García presentaron una performance en la que se escenificaba la desesperación de una mujer cuyo marido está en la guerra. La profesora de danza contemporánea Huguette Sidoine bailaba; Gustavo Giménez realizaba sonidos guturales con un micrófono, símbolo del llanto y los gritos de la esposa; y Rodrigo J. García recitaba la letra de una supuesta carta enviada por el marido desde el frente.

Paloma Marina, organizadora de las jornadas, señaló que el evento no había contado con el apoyo económico de ninguna entidad y afirmó que muchos de los diecisiete artistas participantes constituyen, en estos momentos, la vanguardia artística de Zaragoza, “un colectivo artístico de izquierdas y de calidad que rechaza los tradicionales circuitos del arte”, destacó.

Javier Joven

Una de las paredes de la estancia.
Fotografía de Javier Joven.

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Panorámica de la planta calle.

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Performance de Rodrigo J. García.

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Instalación de Antonio Chipriana.

Pasión por Japón

Ikebana, caligrafía japonesa, ceremonia del té… Las tradiciones japonesas suman cada día más seguidores en Zaragoza 

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Retrato de Hasekura Tsunenaga.
Fuente: Wikipedia.

Se llamaba Hasekura Tsunenaga –aunque, a los pocos meses de pisar España en 1614 tuvo que bautizarse y adoptar el nombre de Felipe Francisco–, y, probablemente, fue el primer samurái que pisó tierras aragonesas, más concretamente, las ciudades de Daroca, Zaragoza y Fraga. Cuarenta y dos hombres lo acompañaban: 30 espadachines y 12 alabarderos. Viajaba en calidad de embajador del poderoso dictador de Japón, el shogun Iesayu Tokugawa, y sus principales objetivos eran conseguir que Felipe III permitiera al país nipón comerciar con Méjico y entrevistarse con el Papa Pablo V. Tras un viaje que le llevó ocho años de su vida, solo consiguió uno de ellos: hablar con el Papa. Felipe III se negó en rotundo a firmar los permisos de comercio al enterarse de que el shogun perseguía a los cristianos.

El pasado mes de octubre se cumplieron 400 años del inicio de esa misión diplomática que llevó a este samurái por tierras aragonesas –“Que sepamos, en Zaragoza estuvo dos veces: una de ida, en agosto de 1615, y otra de vuelta, entre enero y marzo de 1616”, afirma Kumiko Fujimura, presidenta de la asociación Aragón-Japón–. Y, a día de hoy, las artes tradicionales de ese país interesan cada vez más a un número mayor de aragoneses. Prueba de ello fueron las décimas Jornadas Japonesas que tuvieron lugar el pasado fin de semana en el Centro de Historias de Zaragoza. Un evento al que, según la presidenta de Aragón-Japón, asistieron unas 300 personas: “unas 120 participaron en los talleres de ikebana, caligrafía, pintura y ceremonia del té que preparamos, y el resto, acudieron a las charlas y conciertos”.

Kumiko

Kumiko Fujimura impartiendo un taller de pintura sumi-e.

Kumiko Fujimura, de 55 años, es una de los 35 japoneses que actualmente viven en Aragón y, aparte de presidir Aragón-Japón –asociación que cuenta con unos 280 socios apasionados por la cultura nipona–, da clases de sumi-e, pintura japonesa a la tinta negra. Este tipo de pintura, considerada por la antigua aristocracia japonesa como la máxima expresión del refinamiento humano, repele las líneas definidas y se centra en las manchas: “no se busca reproducir algo a la perfección, sino captar su esencia; es decir, si pintas un caballo, te centrarás en reproducir su temperamento salvaje; si pintas una flor, intentarás captar su fragancia y vida”, explica Kumiko.

Sin embargo, esa aparente libertad creativa contrasta con las rígidas normas de esta disciplina: “para cada textura o sensación hay un golpe de pincel establecido y, hasta que dominas alguno, pueden pasar muchos años”, señala la presidenta de Aragón-Japón. En la actualidad, Kumiko da clases de sumi-e a cerca de cuarenta personas, cuyas edades oscilan entre los 30 y los 60 años. Una de ellas es Eva María, de cuarenta años. Esta aficionada a la cultura japonesa afirma que, al comenzar los talleres de sumi-e, lo que más le llamó la atención fue el “carácter ritual que parece tener cada acción” y “la concentración que necesitas para realizar bien un movimiento”.

Ikebana

Arreglo floral realizado durante el taller.
Fotografía realizada por Yolanda Villajos.

Sonoko Inoue, profesora de ikebana en Zaragoza, fue la encargada de impartir los talleres de arreglo floral japonés en el Centro de Historias de Zaragoza. Sonoku se graduó en la escuela de ikebana más vanguardista –la escuela Sogetsu–; sin embargo, durante los talleres se limitó a explicar algunos principios del ikebana tradicional: “la composición suele ser triangular y asimétrica, y, en las escuelas más antiguas, las distintas flores y ramas se asocian con el cielo, los hombres y la tierra. Las flores que representan a los hombres se colocan por debajo de los elementos que se asocian con el cielo y en una posición más elevada que los que representan a la tierra”, indicó Sonoko.

Al igual que en el sumi-e, las medidas de cada tallo, la combinación de flores o el orden de las acciones están reglados: “coged el shin –tallo más grande que representa el cielo– y pinchadlo en el kenzam –base metálica con púas en la que se sostiene la composición–. Ahora, coged otro tallo y cortadlo hasta que su altura sea las tres cuartas partes del shin”, señaló Sonoku a los participantes. Marta Luno, de 44 años, fue una de las treinta personas que participaron en los talleres de ikebana. Nunca había realizado ninguna composición japonesa y, al terminar el taller, destacó que “resulta chocante que, con tantas reglas se consiga algo tan natural”.

Pintura

Imagen del taller de sumie.
Fotografía realizada por Yolanda Villajos.

Kumiko Fujimura, presidenta de Aragón-Japón, asegura que, en los últimos tres años, se ha producido un auténtico boom de la cultura japonesa en España: “el número de personas que acude a los talleres que organiza la asociación ha aumentado notablemente. No sé si será por el influjo del manga o por el estilo de vida zen; pero el hecho es que ha aumentado”.

Irene Sánchez, de 34 años, participante en el taller de caligrafía de las jornadas, comenzó a acercarse a Japón a través del manga y luego se interesó por sus tradiciones. Estudia japonés y ha realizado varios cursos relacionados con las vestimentas típicas de este país. Asegura que lo que más le atrae de las tradiciones niponas es el contraste con respecto a Europa, pero advierte de que, en ocasiones, se idealiza demasiado ese mundo: “No todo son geishas y ceremonias del te, Tokyo, por ejemplo, es una ciudad de cemento y neones”.

Los juegos de rol reúnen en Zaragoza a seis asociaciones, cientos de aficionados y varios diseñadores

Una sala, 12 mesas y más de 120 juegos de rol. El pasado sábado, la asociación zaragozana Dado de Dragón organizó varias partidas y charlas sobre los juegos de rol en el Centro Cívico Estación del Norte.

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A un lado de la mesa, el Duque de Lerma, que acaba de sacar una carta que le ha hecho ganar el favor real, y al otro, el Conde de Olivares, que observa preocupado como, poco a poco, va perdiendo influencia en la corte. El Duque de Lerma se llama José Carlos, tiene 50 años y le apasionan los juegos de rol, y el condado de Olivares recae en José Ramón, un treinteañero fanático de Star Trek. Ambos están inmersos en una partida de Corte y Villa, un juego de rol que, durante unas horas, te permite convertirte en valido de la España de los Austrias.

José Carlos y José Ramón participaron el pasado sábado en el 4º Encuentro de juegos de rol y mundos de fantasía que tuvo lugar en el Centro Cívico Estación del Norte y que contó con el apoyo económico del Ayuntamiento. Según Héctor Saz, presidente de la asociación organizadora del encuentro –Dado de Dragón–, a las partidas y charlas programadas asistieron más de 150 personas, una cifra superior a la de otros años ya que, por primera vez, las actividades se desarrollaron tanto por la mañana como por la tarde. Entre el público asistente se pudo ver tanto a niños de ocho años como a mayores de cincuenta aficionados a los juegos de estrategia; no obstante, Héctor Saz señaló que “estos eventos suelen atraer principalmente a “jóvenes entre los 14 y los 26 años; más a los chicos que a las chicas”.

BuenaDungeons and dragons, Pathfinders o Cyberpunk son algunos de los juegos de rol más conocidos, pero, ¿qué tienen en común? ¿Qué es lo que los caracteriza? Según Saz, “todos sumergen al jugador en otra realidad y le obligan a interpretar un papel”, es decir: el jugador no se limita a tirar un dado y a mover una ficha, sino que  encarna a un personaje –ya sea un elfo, un valido o un zombie– con unas determinadas características –poderes mágicos, fuerza, riqueza–. Dependiendo de las normas que rijan ese mundo y de la suerte que el jugador tenga con los dados, el juego avanzará de una forma u otra. “Al principio, la gente suele pensar que pasará mucha vergüenza, pero, luego, si te gusta un mínimo la interpretación, pasas un buen rato”, señaló el presidente de Dado de Dragón.

Las 12 mesas esparcidas por la sala se cubrieron con los tableros y las cartas de los juegos de rol más conocidos, pero también hubo espacio para las nuevas creaciones –la mayoría realizadas por autores aragoneses–. Ramses Bosque, ilustrador zaragozano de 30 años, guió varias partidas de su propio juego: Sexy. En él, cada participante asume el rol de un chico que pretende ligar con una de las chicas desplegada en el tablero. Cada pretendiente tiene características diferentes y no todas las mujeres responden de la misma forma a las acciones que estos lleven a cabo. José Carlos, el Duque de Lerma del principio, también guió las partidas de su creación: Corte y Villa. Y, venido desde Madrid, Rubén Delgado presentó y moderó el juego del que es co-autor: Espada Negra. Este último autor señaló que “un buen juego de rol está al nivel de una obra de arte”.

Obras de arte que, solo en Zaragoza, cuentan con seis asociaciones en las que se ponen en prácticas –Asociación Cultural Dado de Dragón, SkyRaiders Club de Rol, La Goblinera, Club de Cien, La cueva de Smaug y La Granja de Gandalf–. ¿Qué hay detrás de esta afición? Para Héctor Saz es simplemente algo que parte de nuestra condición humana: “nos gustan los juegos, nos gusta pasar un buen rato, imaginar otros mundos, evadirnos…”. Otros, además, destacan el trabajo intelectual que requiere cada partida: “Te obliga a pensar en los movimientos que van a realizar tus contrincantes, te obliga a adaptarte a las limitaciones de tus personajes, te obliga a cambiar tus esquemas mentales cuando pasas de un juego a otro… Todo eso es trabajo intelectual”, señaló el creador de juegos Rubén Delgado.