Grabando la crisis

IGNACIO PÉREZ Y ASTRID OTAL

En Zaragoza existen actualmente una decena de salas de grabación; pequeños Abbey Roads que tienen que hacer frente a la disminución del número de canciones por disco, la caída de las ventas de CDs y la amenaza de los nuevos dispositivos de autograbación. 

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Cabina de los Estudios Roma, lugar en el que Bvocal graba sus discos

Eva Amaral grabó varias de sus canciones en un local de la calle San Vicente de Paúl, el extinto Estudio Central. El grupo Bvocal continúa grabando sus discos en el número 23 de un pasaje comercial cercano a la Plaza Roma, en los Estudios Roma. Y los raperos Rapsusklei y Sho Hai han visitado varias veces el local de Producciones Sin Con Pasiones, en el Actur, para grabar algunos de sus temas.

Escondidos en bajos y en pasajes comerciales, y camuflados mediante fachadas sin rótulos comerciales, en Zaragoza existen actualmente una decena de estudios de grabación profesionales. Pequeños Abbey Roads por los que han pasado artistas como Joaquín Sabina, Labordeta o varios componentes de Héroes del Silencio, y que, a pesar de estar escondidos, no han escapado de la crisis que sufre el sector de la música.

Sin conciertos no hay discos

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Sala técnica de Producciones Sin Con Pasiones, en el Actur

En la mayor parte de los estudios zaragozanos se repite una misma situación contradictoria: el número de discos producidos al cabo del año se mantiene, pero los beneficios disminuyen. ¿A qué se debe? Básicamente a la reducción del presupuesto que cada grupo está dispuesto a gastarse en su proyecto: “Ha cambiado el tipo de producción –señala Marc Pascual, técnico de sonido de Producciones Sin Con Pasiones–: antes, los grupos que venían grababan doce temas y estaban con ese disco meses; ahora, vienen para grabar singles de dos o tres canciones”.

David Marco, socio fundador de Luna Nueva, comparte el mismo punto de vista que Marc Pascual: “Si antes los grupos se gastaban entre 3.000 y 4.000 euros; ahora, esa cifra se sitúa en los 1.500”. Y ambos apuntan a la misma causa para explicar esa reducción en los presupuestos de los grupos: la escasez de conciertos pagados. “Los grupos pequeños conseguían algo de dinero participando en conciertos pagados y vendiendo allí sus discos. Ahora, prácticamente no hay conciertos, y en los pocos que hay no se paga nada a los músicos, por lo que, por un lado, los grupos no pueden vender sus discos, y por otro, no cobran nada”, explica el socio de Luna Nueva. “Es una pescadilla que se muerde la cola –señala el técnico de Sin Con Pasiones–: si no hay conciertos, no hay dinero, y si no hay dinero, no hay grabaciones”.

Nueva solución: Crowdfunding

Juan Campayo, de 20 años, bajista de Salduie, un grupo de folkmetal surgido en Zaragoza hace tres años, confirma esa reducción en el número de conciertos pagados: “De vez en cuando, alguna sala te cede el 20% de la caja, pero, en la mayoría de los casos, tocas gratis”. Gracias al dinero conseguido tras tres años dando conciertos, el grupo Salduie pudo grabar el mes pasado su primer single, La Senda del Cierzo, compuesto por cuatro canciones.

Otro grupo afectado por los conciertos no pagados es El Vicio del Duende, una formación de rock nacida hace diez años en Zaragoza. Su guitarrista solista, Daniel San Emeterio, de 26 años, señala que, en ocasiones, a las bandas les toca poner dinero de su bolsillo: “no te pagan y, encima, tienes que hacer frente a la gasolina, la comida o las estancias”. Viendo que el dinero conseguido mediante conciertos no era suficiente para sacar adelante un nuevo disco, los cuatro integrantes de El Vicio del Duende decidieron probar suerte con una nueva vía de financiación: el crowdfunding. En un mes –entre julio y agosto de este año–, El Vicio del Duende consiguió más de 3.000 euros. Una cantidad que, sumada a los 2.000 euros ahorrados tras años de conciertos, permitió a este grupo grabar su cuarto disco –Alarmas– en el Estudio Sonido XXI de Pamplona, el mismo estudio en el que graban La Fuga, Marea o Tierra Santa.

La codicia rompió el saco

No solo las fuentes de financiación cambian. También lo hacen los soportes en los que se vende la música y la forma en la que esta se graba: de los CDs hemos pasado a los servidores virtuales como iTunes o Spotify; y de los grandes estudios se ha pasado a los pequeños dispositivos de grabación –si bien estos no ofrecen todavía la calidad de un estudio–.

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Estudio del Laboratorio Audiovisual de Zaragoza

Marc Pascual, técnico de Producciones Sin Con Pasiones, achaca los desastrosos números de las ventas de CDs –en una década, han descendido un 71,5%– a la codicia de los sellos discográficos y al surgimiento de internet: “vender un CD a 20 euros siendo que te había costado un euro y medio producirlo era una auténtica salvajada. Ellos mismos reventaron un mercado que ahora podría ser próspero”, señala el técnico. En vista de los malos datos, muchos grupos se están planteando subir sus temas directamente a internet y no editar copias físicas: “lo próximo que hagamos va directo a internet; sin managers, discográficas o intermediarios…”, afirma el guitarrista solista de El Vicio del Duende.

Grábalo con tu iPad

También ha aumentado el número de grupos que no pasan por los estudios y se graban a sí mismos en sus casas. “El cantante de Blur, por ejemplo, grabó su último disco con un iPad”, señala Nacho Celaya, batería de Mister Hyde, formación de pop rock que, en 2007, recibió el premio al “grupo con mayor proyección” en la novena edición de los Premios de la Música Aragonesa, y, en 2009, el premio al “mejor EP”. Nacho Celaya asegura que “los grandes estudios están en proceso de desaparecer” y afirma que, con dispositivos asequibles y la mano de un buen técnico, se pueden conseguir resultados decentes.

Aun así, la mayor parte de los grupos asumen que, si quieren una calidad de sonido excelente, tienen que pasar por un estudio. “Para un grupo pequeño, grabar en un estudio resulta caro, pero es un gasto totalmente justificado: estás pagando por una calidad de audio excelente, por un experto que te supervisa y por unos equipos que cuestan millonadas”, afirma Jorge Royo, de 19 años, cantante del grupo zaragozano 40 grados.

Un micrófono, 4.000 euros

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Producciones Sin Con Pasiones

“Un dispositivo para que suene un arreglo cuesta 12.000; un micrófono, 4.000. Y a eso súmale el diseño de las habitaciones, los materiales aislantes y la presión de tener que estar continuamente renovándote”, explica David Marco, socio fundador del Estudio Luna Nueva –35 euros por hora de grabación–. “Aparte, hay que tener en cuenta que la manipulación del sonido es un arte que requiere años y años de formación. Y eso debe pagarse”, afirma Marc Pascual, técnico de sonido en Sin Con Pasiones –25 euros la hora–.

Si no pueden asumir los precios de los estudios privados, los grupos pequeños tiene otra alternativa: las salas de grabación financiadas con dinero público. En Zaragoza hay dos: el estudio de El Túnel, en el barrio Oliver, y el Laboratorio Audiovisual, ubicado dentro del Centro de Historias. En el primero, la hora de grabación cuesta 20 euros y, en el segundo, la grabación y la postproducción es gratuita y los grupos solo tienen que pagar una determinada cantidad de dinero en función de los CDs que encarguen –a cambio, el Ayuntamiento se convierte en propietario de la grabación–.

Competencia desleal

El Laboratorio Audiovisual de Zaragoza se fundó en 1988 y, en un principio, estaba situado en el Centro Cívico Delicias. En 2008, terminada la restauración del convento de San Agustín, el laboratorio se trasladó a las modernas salas del Centro de Historias. Para conseguir grabar sus discos de forma gratuita, los grupos deben presentar un proyecto en el Ayuntamiento. Un proyecto que es valorado por miembros del Laboratorio y el área de Cultura del Consistorio. “Los criterios de selección no son estéticos, sino técnicos, es decir, lo que cuenta a la hora de decantarnos por uno u otro proyecto no es el estilo musical, sino la viabilidad del proyecto”, explica Daniel Ríos, jefe de departamento del Laboratorio Audiovisual. No obstante, varias fuentes consultadas señalan que los criterios empleados para esa selección son muy ambiguos y dejan bastante libertad al Ayuntamiento para decidir qué se graba y qué no.

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Sala de grabación del Laboratorio Audiovisual de Zaragoza

En 2013, el Laboratorio Audiovisual recibió 20.000 euros del Consistorio de Zaragoza para la reposición de equipos, un 20% menos que el año anterior. Una cantidad que, según varios trabajadores de estudios privados, se emplearía mejor si ese dinero se entregase directamente a los músicos. “El laboratorio audiovisual ejerce una auténtica competencia desleal financiada con dinero público”, asegura una de las fuentes consultadas. Frente a estas críticas, Daniel Ríos responde que, cuando se crearon los primeros estudios privados en Zaragoza, el laboratorio ya existía, y señala que el único objetivo de este servicio es “hacer realidad proyectos que, de otra forma, no verían la luz”.

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Corita Viamonte: “Media Zaragoza tiene mis violetas”

IGNACIO PÉREZ IBÁÑEZ

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Además de subirse a los escenarios, Corita Viamonte (Zaragoza, 1949) es funcionaria del Ayuntamiento desde 1982 y colabora con el Centro Municipal de Protección Animal

A los doce años de edad, en enero del 62, Corita Viamonte vio a una anciana Raquel Meller en televisión y, desde ese momento, quiso dedicarse al mundo del cuplé, al mundo de las canciones pícaras y románticas de los cafés cantantes. Nada hacía intuir a esa joven estudiante de piano que la decisión tomada la llevaría a actuar en teatros de la Unión Soviética, Japón o Nueva York, o que llegaría a conseguir la Medalla de Plata de la Ciudad de Zaragoza. En la actualidad, Corita Viamonte, de 64 años, observa cómo el género al que ha dedicado toda una vida muere. Aun así, no se resigna y, siempre que puede, se sube a un escenario. ¿La próxima cita? El próximo 3 de enero, en un concierto dedicado a su amiga Cecilia Giménez, la creadora del Ecce Homo de Borja.

Parece ser que lo de ser artista lo llevaba en la sangre, ¿no?

La verdad es que sí. Tanto mis tatarabuelos como mis bisabuelos, abuelos y padres se dedicaron al mundillo del teatro y la música. Y yo no podía decepcionarles. Una vez, durante una actuación de mis padres en el Salón Fuenclara de Zaragoza, salí a gatas al escenario. Luego, con tres años, debuté en el Teatro Principal cantando La tabernera del puerto. Me acuerdo perfectamente: mi madre me acompañaba al piano y yo llevada un vestidito blanco con calcetines de crochet y zapatos de charol.

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Corita Viamonte tocando la batería

En algunas de sus biografías, aparece que usted fue, durante algún tiempo, “la única mujer batería de Europa”, ¿cómo se pasa de cantar zarzuelas a los tres años a tocar la batería?

El dato de que, durante algún tiempo, fui la única mujer batería de Europa lo halló el periodista Alfonso Zapater, del diario Amanecer. Yo empecé a tocar el piano, y a los trece años, terminé mis estudios de ese instrumento. Entonces, mi madre me propuso formar una orquesta, pero yo veía ilógico que una misma formación tuviese dos pianistas, así que decidí aprender a tocar batería. A los 16 años me examiné de ese instrumento y aprobé.

Y a los 20, en el 69, fundó el grupo de majorettes de Zaragoza…

Así es. En el Ayuntamiento estaban hartos de traer a francesas que solo sabían dar vueltas a un palito, así que cortaron por lo sano y formaron un grupo propia. La compañía desapareció en el 96, pero, ahora, las antiguas majorettes vuelven a reunirse. Están espléndidas.

¿Y el cuplé, cuándo se cruzó en su vida?

En enero del 62, cuando vi a Raquel Meller en el programa de televisión Amigos de los lunes. Estaba muy desmejorada y mi madre me dijo que la viese por último vez porque, igual, ya no volvía a hacerlo –efectivamente, a los pocos meses murió–. Entonces, me volví hacia mi madre y le dije: “a partir de ahora quiero cantar La violetera”. Y así fue: ahora media Zaragoza tiene una de mis violetas.

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Corita Viamonte a la cabeza del grupo de vedettes de Zaragoza

Ha cantado y grabado sus cuplés, le ha dedicado espectáculos, le ha montado homenajes… ¿Por qué Raquel Meller? 

Porque para mí supone todo: me veo reflejada en ella. Siempre he dicho que, cuando actúo, tengo a mi madre a la derecha y a Raquel Meller a la izquierda.

¿Cómo llega Corita Viamonte, de 23 años, a actuar en la URSS?

La orquesta Maravella y yo estábamos en Caspe, un empresario nos escuchó y nos propuso hacer una gira por la Unión Soviética en el 72. Fui la segunda cantante española, después de Sara Montiel, en actuar en ese país.

¿Y tuvo éxito?

Bastante. Es más, me propusieron hacer una segunda gira en el 73 y, un día, en un teatro de Moscú, entraron varios señores muy encopetados a mi camerino y me entregaron la Medalla a la mejor cantante extranjera en Rusia. Así, de repente.

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Cartel de una de las giras de Corita Viamonte por la URSS

Una cantante de la España de Franco actuando en la URSS…

Así es. A uno de los teatros rusos en los que actué vino Dolores Ibárruri, La Pasionaria. Cuando llegué a España, mucha gente empezó a decir que era comunista. A mí me dio igual, siempre he sido de los que piensan que, ante todo, somos artistas, y un artista tiene que hacer lo que le manden, con independencia de los ideales que tenga su público.

Y luego Holanda, Japón, Estados Unidos…

En Holanda actué en el 92, en un congreso dedicado al cuplé. Representaba a España y he de decir que el cuplé español era el mejor. En Japón estuve solo tres horas: salir del avión, actuar en Aimori y subirme otra vez en el avión. Y, en Nueva York, actué en el Lincoln Center.

¿De qué galardón se siente más orgullosa?

Pues, obviamente, de todos los que me ha otorgado mi ciudad: tanto la Medalla de Plata de Zaragoza, en 2007, como la Medalla de Honor de los Sitios, en 2012.

¿Conoció la época dorada de El Plata y el Salón Oasis, no?

Por supuesto. Para empezar, no solo la conocí, sino que me crié en ella: mi madre trabajó de pianista en El Plata durante quince años y yo crecí en sus camerinos. Luego sí que me subí a sus escenarios y canté y baile. Todo era muy estilo belle époque.

¿También actúo como vedette?

No nunca. Las admiro mucho y me encanta verlas, pero no estaba hecha para ser vedette.

Y el futuro del cuplé… ¿cómo lo ve?

Lamentablemente, muy negro. Si esto continúa así, puede desaparecer. A las generaciones jóvenes no les interesa el cuplé, solo la música comercial americana.

Star Trek y Docto Who, protagonistas del primer encuentro de ciencia ficción de Zaragoza

La exhibición de objetos de coleccionista, la proyección de capítulos y las charlas atrajeron a más de 70 personas 

IGNACIO PÉREZ IBÁÑEZ

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Jóvenes disfrazadas de la nave TARDIS

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Bizcocho con los personajes de Doctor Who

Chaquetillas y faldas color azul marino, boinas con la forma del techo de una cabina telefónica inglesa y, alrededor de la cintura, una banda en la que se puede leer Police Phone Call Box. Ese fue el conjunto elegido por Ana Villanueva e Irene Gracia para participar el pasado sábado en las actividades del primer encuentro de fans de la ciencia ficción de Zaragoza. Un disfraz que, probablemente, solo los aficionados a la serie inglesa Doctor Who reconozcan: iban vestidas de TARDIS, la nave con forma de cabina telefónica que el protagonista de la serie, apodado “el doctor”, emplea para viajar por el espacio y el tiempo.

Entre el jueves y el sábado de la semana pasada, unas 75 personas, según la organización del evento, participaron en el primer encuentro de aficionados a la ciencia ficción de Zaragoza. Las jornadas tuvieron lugar en el Centro Joaquín Roncal y giraron en torno a dos series: Doctor Who, que el pasado 23 de noviembre cumplió 50 años, y Star Trek: Espacio Profundo 9, una continuación de la serie original, pero con distintos personajes, estrenada hace veinte años.  

Una carencia en el espacio

“En Zaragoza no había ningún evento dedicado a la ciencia ficción, así que decidimos poner en marcha uno”, explicó José Ramón Marco, uno de sus organizadores–. Con él, buscamos que la gente aficionada a la ciencia ficción conozca a otras personas con sus mismo intereses y, a la vez, intentamos acercar estas series a las personas que nunca las han visto”.

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En primer plano, diorama de Star Trek en la sala de exposición

José Ramón Marco, de 29 años, empezó a ver los capítulos originales de Star Trek en 2009, y en nueve meses, se terminó las cinco series que componen esta saga: “unos 780 episodios; algo más de un capítulo por día”, aseguró. Este fanático de los viajes espaciales y las flotas estelares forma parte de un grupo de aficionados aragoneses incluido dentro del Club Star Trek de España. En la actualidad, este grupo está compuesto por ocho personas, con edades comprendidas entre los 23 y los 60 años. Ocho socios que se han encargado de organizar la exposición, las proyecciones de capítulos, las charlas y los talleres del encuentro sin ningún tipo de ayuda económica.

El doble discurso de Spock

Según José Ramón Marco, la mayor parte de las personas que han asistido a las jornadas tienen entre 30 y 40 años. “No obstante, también se han podido ver mayores de 60 y niños”, puntualizó. Una prueba de que estas series pueden enganchar a personas de todas las edades, pero ¿dónde reside su atractivo? Para Enrique Lázaro, coleccionista de insignias, banderas, maquetas de naves espaciales y todo lo que tenga que ver con Star Trek, el poder de seducción de esta serie reside en que “se aleja de las típicas series de explosiones, centrándose más en la diplomacia intergaláctica, y en que muchos de sus capítulos contienen denuncias sociales camufladas”, aseguró mientras sostenía en sus manos una reproducción de un tribbel, un animal peludo que aparece en la serie.

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Vitrina de la exposición

Ese discurso velado también es percibido por José Ramón Marco: “el hecho de que las naves de una potencia galáctica exploren el espacio para conocer otros planetas y conseguir alianzas políticas puede relacionarse con el intervencionismo yanqui. Recordemos que Star Trek fue estrenada con la Guerra de Vietnam de fondo”, explicó el organizador. Para Manuel Navales, asistente a las jornadas, de 69 años, hay un ejemplo más claro: la denuncia de la segregación racial en Estados Unidos. “La serie original tenía entre sus personajes a una mujer negra controlando el puente de mando, la teniente Nyota Uhura. Esto, a finales de los años 60, era toda una provocación”, apuntó Manuel Navales. Su nieto, sin embargo, ve la serie por una razón más sencilla: “me gustaría mucho viajar por el espacio como hacen en Star Trek”, afirmó Luis, de diez años.

Gana Doctor Who

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Diorama de un capítulo de Star Trek: el Señor Spock entre en un portal interestelar para salvar a su amigo

Aunque le costó, la saga Star Trek acabó siendo un rotundo éxito en Estados Unidos y en otras partes del mundo, pero no en España: “los capítulos se emitían en canales autonómicos y en franjas horarias de madrugada. Poca gente lo veía”, aseguró José Ramón Marco. A Doctor Who, sin embargo, le fue mejor y, en la actualidad, con las nuevas temporadas de la BBC, está ganando cada día más adeptos. Ana Villanueva, la joven disfrazada de cabina de teléfono, es una de ellas. Esta aficionada de quince años comenzó a ver esta serie las navidades pasadas y, aunque el principio no entendía muchas escenas, ahora se declara “fan obsesionada”. ¿Qué hay detrás de esa obsesión? “Ante todo, que te identificas con los personajes que acompañan al Doctor Who, quieres ser uno de ellos y tus problemas, al lado de los suyos, parecen minúsculos”, afirmó.

Zaragoza, a ritmo de Bollywood

IGNACIO PÉREZ IBÁÑEZ

Melodías pegadizas, saris y mucho movimiento. Los bailes de las películas indias atraen cada día a más seguidores zaragozanos

“Con el cambio de estación llegan…. llegan las nubes para apagar la llama, la llama de mi amor”. Así comienza una de las canciones y coreografías más famosas de la película Devdas (2002) y del cine de Bollywood –la industria cinematográfica de la ciudad de Bombay–. En ella, Aishwarya Rai, megaestrella de ese cine, baila mientras protege una vela, símbolo de su amor, de una tormenta. A ella se suman otras veinte mujeres, todas enfundadas en preciosos saris y con el tradicional bindi –tercer ojo– en la frente. Parece que bailan danzas netamente hindúes, pero, en realidad, sus pasos son uno de los mejores ejemplos de la fusión entre la cultura occidental y la India: en ellos se mezclan funky, hip hop o chachachá con algún gesto y mirada de las danzas tradicionales indias. Es el estilo Bollywood, un baile que llegó a la capital de Aragón hace unos diez años y que, en la actualidad, está experimentando un notable aumento de seguidores.

Con diez años de retraso

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Sesión de Bollywood con Mayca Chinchilla

“A nivel nacional, las danzas de Bollywood comenzaron a despertar interés a principios de los noventa. En Zaragoza, sin embargo, ese interés surgió con diez años de retraso”, asegura María Pilar Calvo, profesora de este estilo en la academia Antonia Azahara. Esta joven de 32 años, aficionada a las tramas surrealistas de la mayoría de las películas indias, comenzó a recibir clases de Bollywood hace cuatro años, de la mano de Eva Sampredro, una de las primeras profesionales que introdujo este estilo en Zaragoza.

“Comencé a hacer exhibiciones y a enseñar coreografías en 2004, fui de las primeras”, asegura Sampedro, profesora de danzas orientales que, actualmente, da clases de Bollywood a unas veinte alumnas. Ambas profesionales señalan que, en estos últimos años, la demanda de clases de este estilo ha aumentado considerablemente, “quizá por películas como La boda del Monzón o Slumdog Millonaire”, apunta Eva Sampedro. Otra profesora, Mayca Chinchilla, de 32 años, también confirma lo anterior: “llevo dando clases desde hace cinco años y en estos dos últimos se ha producido un auténtico boom”, asegura esta joven que comenzó bailando flamenco y terminó especializándose  en danzas orientales.

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Mudra Alapadma
Fotógrafo: Dmitry Rukhlenko

Mudras y hip hop

En las coreografías de Bollywood cabe de todo: funky, dance pop, hip hop, merengue, chachachá, tango… Pero casi todas poseen algún rasgo característico de las ocho ramas de la danza tradicional hindú que existen. ¿Cuáles son los más usuales? En primer lugar, los mudras, los gestos que los bailarines realizan con las manos. En las danzas tradicionales, cada mudra posee un significado: uno de los más usuales, el alapadma –palma de la mano abierta con los dedos estirados– puede asociarse con una flor de loto o con la separación del amado, y el Katakamucka –similar a la posición de los dedos cuando se va a pellizcar algo– puede relacionarse con la acción de cortar una flor o el habla. “La gente era analfabeta, así que, para difundir los grandes poemas épicos entre el pueblo, se recurría a la danza”, explica María Pilar Calvo. En la actualidad, los bailes de Bollywood no poseen ningún tipo de función narrativa: “son puro show, puro espectáculo”, apunta Eva Sampedro, de 35 años.

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Grupo de Bollywood de la profesora Eva Sampedro

A los mudras se suman las posturas angulosas que caracterizan a las danzas tradicionales: “el ballet europeo, por ejemplo, tiende a la línea recta, a las figuras estilizadas, a las formas estiradas; las danzas indias, a los movimientos sinuosos, curvos, redondos; y, desde mi punto de vista, las danzas de Bollywood podrían asociarse con un triángulo, siempre asimétricas”, explica María Pilar Calvo, profesora que, en los últimos años, ha dado clases a grupos de 25 personas en distintos centros cívicos.

Danza viva y alegre

Mayca Chinchilla destaca, sobre todo, un aspecto positivo de la mezcla de estilos que conforma Bollywood: “las danzas tradicionales indias son muy difíciles de ejecutar. Al mezclarlas con otros estilos, el nivel resulta más asequible, la gente se siente más libre y se lo pasa mejor”. Algo que se confirma al preguntar a los alumnos: Beatriz Ortega, de 21 años, lleva unos meses asistiendo a clases de Bollywood y asegura que sale de las sesiones de Bollywood “con otro humor”. Esta alumna, aficionada a la cultura india, decidió apuntarse a clases de este estilo para poner en práctica lo que veía en las películas. Cristina Ariso, de 32 años –cinco practicando danzas de bollywood– llega a la misma conclusión que la anterior alumna: “es una danza movida, positiva, y eso hace que salgas más alegre de clase”, reconoce.

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Sesión de Bollywood de la profesora María Pilar Calvo

Un baile positivo en el que el público masculino escasea. Y no porque este estilo esté vedado únicamente a las mujeres: “en los bailes de Bollywood hay igual número de hombres que mujeres. Es más, uno de los requisitos para ser un galán del cine en la India es desenvolverte bien con este tipo de bailes”, asegura María Pilar Calvo. Ramón Chinchilla, de 32 años, hermano de Mayca, lleva seis años practicando danza del vientre y cinco asistiendo a ensayos de Bollywood. Asegura que, si esa desproporción entre hombres y mujeres se percibe a nivel nacional, en Zaragoza, se acrecienta.