Corita Viamonte: “Media Zaragoza tiene mis violetas”

IGNACIO PÉREZ IBÁÑEZ

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Además de subirse a los escenarios, Corita Viamonte (Zaragoza, 1949) es funcionaria del Ayuntamiento desde 1982 y colabora con el Centro Municipal de Protección Animal

A los doce años de edad, en enero del 62, Corita Viamonte vio a una anciana Raquel Meller en televisión y, desde ese momento, quiso dedicarse al mundo del cuplé, al mundo de las canciones pícaras y románticas de los cafés cantantes. Nada hacía intuir a esa joven estudiante de piano que la decisión tomada la llevaría a actuar en teatros de la Unión Soviética, Japón o Nueva York, o que llegaría a conseguir la Medalla de Plata de la Ciudad de Zaragoza. En la actualidad, Corita Viamonte, de 64 años, observa cómo el género al que ha dedicado toda una vida muere. Aun así, no se resigna y, siempre que puede, se sube a un escenario. ¿La próxima cita? El próximo 3 de enero, en un concierto dedicado a su amiga Cecilia Giménez, la creadora del Ecce Homo de Borja.

Parece ser que lo de ser artista lo llevaba en la sangre, ¿no?

La verdad es que sí. Tanto mis tatarabuelos como mis bisabuelos, abuelos y padres se dedicaron al mundillo del teatro y la música. Y yo no podía decepcionarles. Una vez, durante una actuación de mis padres en el Salón Fuenclara de Zaragoza, salí a gatas al escenario. Luego, con tres años, debuté en el Teatro Principal cantando La tabernera del puerto. Me acuerdo perfectamente: mi madre me acompañaba al piano y yo llevada un vestidito blanco con calcetines de crochet y zapatos de charol.

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Corita Viamonte tocando la batería

En algunas de sus biografías, aparece que usted fue, durante algún tiempo, “la única mujer batería de Europa”, ¿cómo se pasa de cantar zarzuelas a los tres años a tocar la batería?

El dato de que, durante algún tiempo, fui la única mujer batería de Europa lo halló el periodista Alfonso Zapater, del diario Amanecer. Yo empecé a tocar el piano, y a los trece años, terminé mis estudios de ese instrumento. Entonces, mi madre me propuso formar una orquesta, pero yo veía ilógico que una misma formación tuviese dos pianistas, así que decidí aprender a tocar batería. A los 16 años me examiné de ese instrumento y aprobé.

Y a los 20, en el 69, fundó el grupo de majorettes de Zaragoza…

Así es. En el Ayuntamiento estaban hartos de traer a francesas que solo sabían dar vueltas a un palito, así que cortaron por lo sano y formaron un grupo propia. La compañía desapareció en el 96, pero, ahora, las antiguas majorettes vuelven a reunirse. Están espléndidas.

¿Y el cuplé, cuándo se cruzó en su vida?

En enero del 62, cuando vi a Raquel Meller en el programa de televisión Amigos de los lunes. Estaba muy desmejorada y mi madre me dijo que la viese por último vez porque, igual, ya no volvía a hacerlo –efectivamente, a los pocos meses murió–. Entonces, me volví hacia mi madre y le dije: “a partir de ahora quiero cantar La violetera”. Y así fue: ahora media Zaragoza tiene una de mis violetas.

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Corita Viamonte a la cabeza del grupo de vedettes de Zaragoza

Ha cantado y grabado sus cuplés, le ha dedicado espectáculos, le ha montado homenajes… ¿Por qué Raquel Meller? 

Porque para mí supone todo: me veo reflejada en ella. Siempre he dicho que, cuando actúo, tengo a mi madre a la derecha y a Raquel Meller a la izquierda.

¿Cómo llega Corita Viamonte, de 23 años, a actuar en la URSS?

La orquesta Maravella y yo estábamos en Caspe, un empresario nos escuchó y nos propuso hacer una gira por la Unión Soviética en el 72. Fui la segunda cantante española, después de Sara Montiel, en actuar en ese país.

¿Y tuvo éxito?

Bastante. Es más, me propusieron hacer una segunda gira en el 73 y, un día, en un teatro de Moscú, entraron varios señores muy encopetados a mi camerino y me entregaron la Medalla a la mejor cantante extranjera en Rusia. Así, de repente.

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Cartel de una de las giras de Corita Viamonte por la URSS

Una cantante de la España de Franco actuando en la URSS…

Así es. A uno de los teatros rusos en los que actué vino Dolores Ibárruri, La Pasionaria. Cuando llegué a España, mucha gente empezó a decir que era comunista. A mí me dio igual, siempre he sido de los que piensan que, ante todo, somos artistas, y un artista tiene que hacer lo que le manden, con independencia de los ideales que tenga su público.

Y luego Holanda, Japón, Estados Unidos…

En Holanda actué en el 92, en un congreso dedicado al cuplé. Representaba a España y he de decir que el cuplé español era el mejor. En Japón estuve solo tres horas: salir del avión, actuar en Aimori y subirme otra vez en el avión. Y, en Nueva York, actué en el Lincoln Center.

¿De qué galardón se siente más orgullosa?

Pues, obviamente, de todos los que me ha otorgado mi ciudad: tanto la Medalla de Plata de Zaragoza, en 2007, como la Medalla de Honor de los Sitios, en 2012.

¿Conoció la época dorada de El Plata y el Salón Oasis, no?

Por supuesto. Para empezar, no solo la conocí, sino que me crié en ella: mi madre trabajó de pianista en El Plata durante quince años y yo crecí en sus camerinos. Luego sí que me subí a sus escenarios y canté y baile. Todo era muy estilo belle époque.

¿También actúo como vedette?

No nunca. Las admiro mucho y me encanta verlas, pero no estaba hecha para ser vedette.

Y el futuro del cuplé… ¿cómo lo ve?

Lamentablemente, muy negro. Si esto continúa así, puede desaparecer. A las generaciones jóvenes no les interesa el cuplé, solo la música comercial americana.

Star Trek y Docto Who, protagonistas del primer encuentro de ciencia ficción de Zaragoza

La exhibición de objetos de coleccionista, la proyección de capítulos y las charlas atrajeron a más de 70 personas 

IGNACIO PÉREZ IBÁÑEZ

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Jóvenes disfrazadas de la nave TARDIS

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Bizcocho con los personajes de Doctor Who

Chaquetillas y faldas color azul marino, boinas con la forma del techo de una cabina telefónica inglesa y, alrededor de la cintura, una banda en la que se puede leer Police Phone Call Box. Ese fue el conjunto elegido por Ana Villanueva e Irene Gracia para participar el pasado sábado en las actividades del primer encuentro de fans de la ciencia ficción de Zaragoza. Un disfraz que, probablemente, solo los aficionados a la serie inglesa Doctor Who reconozcan: iban vestidas de TARDIS, la nave con forma de cabina telefónica que el protagonista de la serie, apodado “el doctor”, emplea para viajar por el espacio y el tiempo.

Entre el jueves y el sábado de la semana pasada, unas 75 personas, según la organización del evento, participaron en el primer encuentro de aficionados a la ciencia ficción de Zaragoza. Las jornadas tuvieron lugar en el Centro Joaquín Roncal y giraron en torno a dos series: Doctor Who, que el pasado 23 de noviembre cumplió 50 años, y Star Trek: Espacio Profundo 9, una continuación de la serie original, pero con distintos personajes, estrenada hace veinte años.  

Una carencia en el espacio

“En Zaragoza no había ningún evento dedicado a la ciencia ficción, así que decidimos poner en marcha uno”, explicó José Ramón Marco, uno de sus organizadores–. Con él, buscamos que la gente aficionada a la ciencia ficción conozca a otras personas con sus mismo intereses y, a la vez, intentamos acercar estas series a las personas que nunca las han visto”.

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En primer plano, diorama de Star Trek en la sala de exposición

José Ramón Marco, de 29 años, empezó a ver los capítulos originales de Star Trek en 2009, y en nueve meses, se terminó las cinco series que componen esta saga: “unos 780 episodios; algo más de un capítulo por día”, aseguró. Este fanático de los viajes espaciales y las flotas estelares forma parte de un grupo de aficionados aragoneses incluido dentro del Club Star Trek de España. En la actualidad, este grupo está compuesto por ocho personas, con edades comprendidas entre los 23 y los 60 años. Ocho socios que se han encargado de organizar la exposición, las proyecciones de capítulos, las charlas y los talleres del encuentro sin ningún tipo de ayuda económica.

El doble discurso de Spock

Según José Ramón Marco, la mayor parte de las personas que han asistido a las jornadas tienen entre 30 y 40 años. “No obstante, también se han podido ver mayores de 60 y niños”, puntualizó. Una prueba de que estas series pueden enganchar a personas de todas las edades, pero ¿dónde reside su atractivo? Para Enrique Lázaro, coleccionista de insignias, banderas, maquetas de naves espaciales y todo lo que tenga que ver con Star Trek, el poder de seducción de esta serie reside en que “se aleja de las típicas series de explosiones, centrándose más en la diplomacia intergaláctica, y en que muchos de sus capítulos contienen denuncias sociales camufladas”, aseguró mientras sostenía en sus manos una reproducción de un tribbel, un animal peludo que aparece en la serie.

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Vitrina de la exposición

Ese discurso velado también es percibido por José Ramón Marco: “el hecho de que las naves de una potencia galáctica exploren el espacio para conocer otros planetas y conseguir alianzas políticas puede relacionarse con el intervencionismo yanqui. Recordemos que Star Trek fue estrenada con la Guerra de Vietnam de fondo”, explicó el organizador. Para Manuel Navales, asistente a las jornadas, de 69 años, hay un ejemplo más claro: la denuncia de la segregación racial en Estados Unidos. “La serie original tenía entre sus personajes a una mujer negra controlando el puente de mando, la teniente Nyota Uhura. Esto, a finales de los años 60, era toda una provocación”, apuntó Manuel Navales. Su nieto, sin embargo, ve la serie por una razón más sencilla: “me gustaría mucho viajar por el espacio como hacen en Star Trek”, afirmó Luis, de diez años.

Gana Doctor Who

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Diorama de un capítulo de Star Trek: el Señor Spock entre en un portal interestelar para salvar a su amigo

Aunque le costó, la saga Star Trek acabó siendo un rotundo éxito en Estados Unidos y en otras partes del mundo, pero no en España: “los capítulos se emitían en canales autonómicos y en franjas horarias de madrugada. Poca gente lo veía”, aseguró José Ramón Marco. A Doctor Who, sin embargo, le fue mejor y, en la actualidad, con las nuevas temporadas de la BBC, está ganando cada día más adeptos. Ana Villanueva, la joven disfrazada de cabina de teléfono, es una de ellas. Esta aficionada de quince años comenzó a ver esta serie las navidades pasadas y, aunque el principio no entendía muchas escenas, ahora se declara “fan obsesionada”. ¿Qué hay detrás de esa obsesión? “Ante todo, que te identificas con los personajes que acompañan al Doctor Who, quieres ser uno de ellos y tus problemas, al lado de los suyos, parecen minúsculos”, afirmó.